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viernes, 6 de octubre de 2017

¿Y AHORA QUÉ? Ante el desconcierto nacional


(Foto: Fernando Redondo)

Podría escribir otro artículo. Podría repetir lo que he dicho y anunciado desde hace más de treinta años. Podría recoger cientos de afirmaciones escritas en cientos de artículos durante los últimos cinco años (por acotar el tiempo). Podría repetir los gestos de conmiseración con que han sido acogidos mis análisis y vaticinios por muchos, incluidos algunos de mis amigos, los que, aun pensando como yo, me han tachado de exagerado, alarmista, incluso de pirado. Los hechos, sin embargo, han ido dejando cortas mis reflexiones, mis premoniciones, no sólo para darme la razón (pobre consuelo), sino para sacarla de quicio, porque ni siquiera los hechos caben dentro de los márgenes de la razón.

Cuando los hechos empiezan a desbordar a las palabras, entonces significa que hemos entrado en otra fase, otro estado. Cuando se pasa del estado sólido al líquido, por ejemplo, las leyes cambian, nada de lo que vale para tallar una piedra sirve para manipular un litro de gasolina. Las leyes de cohesión, tensión, fluidez o capilaridad, cambian. Pues eso mismo sucede con una sociedad, puede pasar de un estado a otro. Los cambios pueden ser bruscos (una revolución) o lentos y graduales (lo más frecuente) hasta que se hacen evidentes e irreversibles. La paz y la cohesion social, así, pueden pasar de la estabilidad y el equilibrio, a la inestabilidad y el desorden. Los negacionistas, que suelen confundir pacifismo con cobardía, acaban siendo incapaces de distinguir una marea de un tsunami.

No necesito decir que me refiero a España. Pero debo precisar: no sólo a Cataluña. El primer error, el que lo desenfoca todo, es hablar del “problema de Cataluña” como si fuera algo separado o distinto del problema de España. Pensar y creer que lo que sucede en Cataluña no afecta ni influye ni determina todo lo que hoy ocurre en España, es algo que sólo una maniobra de persistente propaganda, de intencionada campaña de adormecimiento, obnubilación e hipnosis colectiva ha podido lograr. Que hoy predomine el relato goebbeliano y nazi sobre lo acontecido en Cataluña el 1-O, transformando una insurrección anticonstitucional en una resistencia heroica del “pueblo catalán”, es algo de una gravedad que supera mis más negros augurios. Pero he dicho que no quiero escribir un artículo. Así que aquí me callo. Es tanta la responsabilidad delictiva de Rajoy y su miserable y cobarde camarilla, que aquí dejo en el tintero la indignación de mi pluma y anestesio con poesía mi lengua:

Aires, aires de mi tierra, da minha terra, de aquel horizonte rojizo manchado de robles y encinas (más allá, las altas montañas), que fue la primera lejanía que mis ojos lograron distinguir en la confusa e inabarcable inmensidad de los campos y riberas que no necesitan más que la luz para existir. Volver a la patria pequeña, a la matria regada por el Cea y luego el Esla y más allá el Duero que acaba en la mar sin límites, atravesando Portugal, que es la misma patria. Amar esta tierra desnuda y sin fronteras, la que es de todos por igual, la que nadie tiene y todos poseen, la que, extendiéndose más allá, encuentra otro mar, al este, y otro al norte, y otro al sur, la España que nos une y nos hace libres.

Frente a la despesperación de esta hora, que acabará siendo trágica, sólo me queda una esperanza, y aquí ya la política olvida su nombre y encuentra su justificación más allá, en los caminos que señala el corazón, y la lucha por la verdad y la razón y el empeño de impulsar un movimiento político de resistencia, que recupere el sentimiento de libertad y dignidad, adquiere su único sentido, que no es otro que volver a ver en el rostro de la patria, o sea, en el de la mayoría de sus ciudadanos, la fe en sí misma (en sí mismos), en su capacidad de reacción ante la deleznable casta política que hoy nos gobierna y domina, un grupúsculo de indeseables corruptos, cobardes y apocados, incapaces mentales, tan engreídos como inútiles.

Sí, hasta el diccionario se fatiga tratando de describir la abyección de quienes han renunciado a devolver la dignidad al Estado, a las leyes, a la libertad, a la igualdad, a la convivencia y a la unión que, si no la persiguen y aplastan, surge de modo natural entre todos los españoles, vivan donde vivan, tengan la ideología que tengan, hablen la lengua que hablen. De todos ellos, de todos nosotros, dependerá que triunfen los sediciosos, los nacionalfascistas, los antidemócratas, los únicos que de verdad usan la violencia, la discriminación y la intimidación contra la mayoría. Se llaman lo contrario de lo que son, pero este engaño, manipulación e imposición del relato cambiado de los hechos acabará desmoronándose. Sí, somos mayoría. Empecemos a creer en nuestra fuerza, por más que nos amordacen unos y otros, independentistas y pusilánimes, atracadores y consentidores.

viernes, 29 de septiembre de 2017

¿DOS ESPAÑAS?

(Foto: Fernando Redondo)


Nos han contado tantas veces eso de las dos Españas que, como la leyenda negra, hemos acabado creyéndonoslo. Repetimos con Machado que al españolito que viene al mundo una de las dos Españas ha de helarle el corazón: la España ultramontana, carlista y fascista, por un lado, y la anticlerical, chequista y soviética, por otro. La Guerra Civil, con sus matanzas cainitas, le dio al mito de esta división irreconciliable fuerza de ley científica. Sus defensores aportan pruebas irrefutables que van desde los Reyes Católicos hasta hoy, pasando por todo el siglo XIX. Basta oír, por ejemplo, no sólo a Iglesias Turrión y a toda la tropa independentista, sino también a Pedro Sánchez, para comprobar hasta qué punto ese discurso renace con la misma y obsesiva insistencia.

¿Pero es así? ¿Existen esas dos Españas, la una caricatura de la otra? ¿Es éste un hecho diferencial, la prueba de una tara histórica que no hemos sido capaces su superar? Voy a decirlo con claridad: No. Ni existen ni han existido nunca esas dos Españas, ni hay esencia metafísica alguna que las justifique. Creer que existe algún rasgo psicobiológico que determina esa clasificación de los españoles en dos bandos enfrentados es tan absurdo e indemostrable como pensar que ha caído sobre nosotros una maldición bíblica o que ese destino infausto ya aparece escrito en los huesos de Atapuerca.

En Francia, en la Revolución Francesa, la Asamblea se dividió en dos grupos políticos, los partidarios del Antiguo Régimen (la derecha) y los dispuestos a acabar con todos sus privilegios para crear la Nación como una unión de ciudadanos iguales (la izquierda). ¿Algún historiador habla del enfrentamiento entre las dos Francias? Confundir esta división política con la existencia de dos Francias irreconciliables y cainitamente enfrentadas, es insostenible, por más que la Revolución Francesa dejó París lleno de cadáveres y cuerpos sin cabeza.

Una sociedad, en momentos de crisis, no se fractura en dos, sino que se va resquebrajando en múltiples grietas, creando incluso algunos abismos insalvables, pero todo ello es fruto, no de ninguna esencia o predestinación genética, sino de la propia evolución entrópica de los acontecimientos y las circunstancias. Podríamos decir, para que se me entienda mejor, que fue la Guerra Civil la que creó las dos Españas, no las dos Españas las que provocaron la Guerra Civil. En cuanto pasa ese estado de excepción que obliga a la formación de bandos enfrentados, la sociedad se convierte en lo que son sus individuos, una sociedad libre, diversa, no dividida en bandas de primates enfrentados, sino en una heterogeneidad de individuos que tienen en común lo único y fundamental: su condición de ciudadanos.

Así que no, no existen esas dos Españas, inventadas por quienes aspiran a aprovechar esa división social en beneficio de sus intereses y ambiciones de poder. Si divides a la sociedad en dos y logras que una aplaste o arrincone a la otra, tienes el camino libre para imponer a toda la sociedad lo que quieras. Cuando un proyecto de este tipo se hace evidente, como es el caso de los separatistas, surge un nuevo mito: el de los reconciliadores, los equidistantes, los pacifistas, los predicadores del diálogo, la tercera España. Hoy, proscrita la palabra España, prefieren hablar de la tercera vía, que es algo así como inventar una vía con tres raíles.

Lo diré sin rodeos: sólo existe una España, la España de los ciudadanos. Esa es la única España que nos une por encima de cualquier diferencia, ya sea social, cultural, lingüística, territorial, religiosa, ideológica, económica o sexual. La condición de ciudadano es lo que nos hace iguales. La fuente única de derecho es nuestra condición política de ciudadanos. Así que no hay derechos históricos, ni territoriales, ni de clase, ni de origen, ni de ningún tipo que convierta cualquier diferencia en privilegio. 

No hay mayor atropello democrático que despojar del derecho fundamental de ser ciudadano al conjunto de españoles. Lo hace Pedro Sánchez al proclamar que lo que hoy es España en realidad son, al menos, cuatro naciones: Cataluña, País Vasco, Galicia y… ¡España! ¿Nadie le ha dicho, ante semejante imbecilidad, que eso que quedaría, ya no sería España, sino una nueva nación recién inventada? Y si, además, eso que quedara, podría volver a trocearse hasta convertir a Madrid, por ejemplo, en una nación (como también ha proclamado uno de sus preclaros seguidores), ¿que eso sería no sólo destruir la España de los ciudadanos, sino todo el Estado de Derecho? Esta izquierda descarriada está dispuesta a pasar de las dos Españas a cuantas Españas se le ocurran. Los de Cartagena ya están preparados para convertirse en la España 51 o la 101, qué más da.

jueves, 21 de septiembre de 2017

ESPAÑA, PROPIEDAD COMÚN DE LOS ESPAÑOLES


(Foto: F. Redondo)

Hay verdades que, a fuerza de ser proscritas, el mero hecho de enunciarlas resulta una temeridad. Estamos inmersos en un régimen de pensamiento totalitario que ha vuelto literalmente imbéciles a la mayoría de políticos, periodistas, intelectuales y opinadores de todo pelaje. Una de estas verdades elementales que nadie, no ya defiende, sino que ni pronuncia, es que España es un bien común propiedad de todos y cada uno de los españoles. Si esta simple e insoslayable verdad, que es un hecho real y legal, se tuviera en cuenta, serviría para desenmascarar a los predicadores de esa basura mental y política llamada plurinacionalidad, derecho a decidir, autodeterminación y demás metástasis del mal nacionalista. Porque como sociedad estamos contaminados, intoxicados por una enfermedad contagiosa, que si bien se manifiesta virulentamente en Cataluña, ya se ha extendido por toda España.

Frente a tanta confusión, abrumados por la propaganda y propagación del virus, los ciudadanos se muestran indefensos y desconcertados. De este ambiente de incertidumbre y agotamiento no puede surgir nada bueno, pues, o se extiende el sentimiento de impotencia y de fatalidad, resignándose a que quienes quieren destruir España logren sus mezquinos propósitos, o bien estalla una reacción violenta, con consecuencias imprevisibles, de quienes no están dispuestos a entregar ese bien común a los depredadores y destructores de nuestra convivencia y el orden social y de derecho que entre todos hemos construido.

Digo que el proceso independentista es un acto de expropiación por la fuerza de lo que es de todos. España es hoy una sociedad moderna, democráticamente organizada, resultado de varios siglos de trabajo, esfuerzo, colaboración y organización de millones de seres humanos que han ocupado y compartido un territorio, estableciendo todo tipo de leyes para defender ese espacio físico, pero también para organizar un orden social, económico y político común. Cataluña ha formado y forma parte inseparable e indistinguible de este proceso.

El bien común, por su naturaleza, es indivisible, y su propiedad, por lo mismo, no puede ni privatizarse ni trocearse. El bien común lo constituyen aquellos bienes y recursos necesarios para el bienestar y la supervivencia de todos, como, por ejemplo, los ríos, las montañas, los bosques, el aire, el sol, el subsuelo, las costas, la pesca, la fauna, la flora, la biodiversidad, etc., por hablar de condiciones físicas y ecológicas en las que se desenvuelve nuestra existencia.

Pero también forman parte del bien común las infraestructuras que permiten el desarrollo humano, la producción y los intercambios sociales: la red de comunicaciones (carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarriles…), la red eléctrica e informática, el suministro de combustibles, etc. O los bienes y medios que aseguran nuestra salud (hospitales, centros de asistencia, acceso a medicamentos), la educación (escuelas y centros de enseñanza), la propiedad privada, la seguridad y defensa (ejército, policía, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado), la protección jurídica (justicia, leyes), la protección social y del trabajo (Seguridad Social, pensiones, ayudas sociales), la conservación y protección del patrimonio común (natural, histórico, artístico y cultural) y, en general, el Estado, con todo su aparato y sus medios, forma parte del bien común. (El Estado sólo tiene un fin: promover y defender el bien común). 


El nacionalismo catalán, de naturaleza fascista, xenófobo y totalitario (parece que muchos ciudadanos empiezan a darse cuenta de ello), pretende llevar a cabo un acto de expropiación, apropiación y ocupación por la fuerza de una parte de España, controlar un territorio que es propiedad común, del mismo modo que lo es Extremadura, Navarra o las Islas Baleares. Ni Cataluña es de los catalanes, ni Extremadura de los extremeños, ni Navarra de los navarros. La condición de ciudadanos no sólo nos otorga el derecho, sino establece el deber de defender el bien común ante cualquier atropello, usurpación o privatización, ya sea por parte de un atracador, un colectivo, una empresa o un Parlamento. Esto es lo que todavía no han entendido los ciudadanos ni, lo que es más grave, el Gobierno.

Tenemos la obligación de defender y preservar el bien común porque si no lo hacemos estamos consintiendo el robo, la rapiña y la expropiación de algo que es de todos, y tanto da que sean cien mil o un millón los depredadores, aquí ninguna cantidad puede invalidar un derecho que es de todos. Los catalanes, sean mayoría o minoría, no son dueños de Cataluña, como no lo son los andaluces de Andalucía. Sólo lo son en tanto que españoles. No puede haber bien común sin igualdad. España, repitámoslo, es el bien común irrenunciable de todos los españoles. Por lo tanto, Cataluña también lo es.































viernes, 15 de septiembre de 2017

IMÁGENES AL TUNTÚN

(Foto: S. Trancón)

Como tengo tantos temas sobre los que podría hilvanar o tejer este texto, pasquín, hoja volandera o volátil, voy a hacer un experimento y escribir, hablar, farfullar o balbucir sobre las primeras imágenes que me lleguen a la cabeza, a esa inasible pantalla interna que no cesa de emitir en onda corta, día y noche, reclamando nuestra atención. Me ahorro el esfuerzo de tener que discriminar y elegir un tema relevante, siéndolo casi todos y, por lo mismo, ninguno verdaderamente importante. Así que voy a ello.

Imágenes al tuntún, expresión que al parecer viene de “ad vultum tuum”, o sea, a bulto, a voleo, donde el “tuum” puede resultar sutilmente obsceno. La primera imagen que me llega del fondo de la retina es la de Inés Arrimadas, a la que, después de verla en el circo del hemiciclo catalán dirigiéndose a la turbia Forcadell, juntando las manos, suplicante y mística, no puedo dejar de llamar en adelante sor Inés Arrimadas, envuelta en una aureola de inocencia que hasta puede quedar muy arrebatadora en un cuadro de la purísima concepción. Con qué elegancia junta las manos y las empuja una y otra vez hacia delante, queriendo ser incisiva, pero vista de lado resulta implorante, ella abajo, la otra monja, sor Forcarell, arriba, con el rostro ya indeleblemente agrio y avinagrado, negándole lo que suplica, no sabemos qué. 

No puedo menos que trasladarme del icono al sema, del diseño a la semántica, y es aquí donde sor Inés se me diluye como azucarillo, pues últimamente es un manantial de agua clara, tan cristalina como insípida. Con el tsunami fangoso que hoy inunda Cataluña, su actitud, y de la su jefecillo Rivera, resulta tan extemporánea, ucrónica y deslocalizada, que sólo puedo interpretarla como un arrebato místico. Sigue exigiendo el diálogo, el buen rollito, el que esto no es más que una farsa y etcétera, predicadores de la tercera vía de la derecha, cada día más parecidos a la tercera vía de la izquierda, Rajoy en medio. 

Pero pasemos, al menos, a otra imagen, esta casi de refilón, porque me llegó mientras tomaba un café mañanero. Es eso que llaman “ofrenda floral” a Rafael Casanova, ese español que decía luchar por España defendiendo Barcelona de las tropas borbónicas, y que no murió en ningún asalto, sino 30 años después en su cama, pero al que han convertido en protomártir independentista los impulsores de la Cosa Nostra catalana. Bueno, pues lo que las imágenes de los floristas y filibusteros y arcedianos de la ofrenda me llega, sobre todo, es la cutrez, la zafiedad estética de esos paneles que depositan los oficiantes con suma reverencia en las aceras del monumento. Todos con las siglas de su botica de ultramarinos y matasuegras, a cual más meapilas, laicos, pero todos bendecidos con agua de Montserrat, mientras suena, con sones asardañados, ese himno de los Segadores plagiado de una salmodia judía. Arcádico, pero de arcadas. 

¿Más imágenes? El flequillo imposible de Puigdemont, voz de lija y espardeña, mirada de trapo turbio, el brillo ausente del cristalino, que en esas cuencas desconfiadas pierde su nombre. ¿Y de Rajoy haciendo “running”? Torpe voluntarismo asmático que lucha contra el apoltronamiento de su cuerpo y esquía con palos imaginarios, brazos de raqueta, rígidos, puños sin dedos, movidos por hilos invisibles como muñeco de guiñol. 

¿Otras? La turbadora imagen de ese padre en estado de shock, que ha perdido a su hijo atropellado por el terrorista de las Ramblas, y va y lo llevan a Ripoll y se pone a abrazar y consolar a un imán que vaya usted a saber lo que predica, con su jubah y su takiyab a la cabeza, que llora muy compungido, y seguramente con sinceridad, pero que no, que no es ese el gesto natural y humano de un padre consciente de lo que le ha ocurrido, y no se le puede pedir en ese preciso momento que se preste a un acto de propaganda nauseabundo, tan manipulado, tan obscenamente exhibido, mientras no hemos visto, no ya una lágrima, ni siquiera el rostro de ningún otro familiar de ninguna de las otras quince víctimas. En cambio, sí, nos han incitado a que sintamos el horrendo dolor de las madres y hermanas de los asesinos, a los que generosamente se les dará una ayuda suplementaria para superar el trauma provocado por sus hijos, pobres hijos descarriados, también.

Oh, con esta imagen se me han agitado los circuitos neuronales y debo cuidarme, no despertar la ira de los nuevos curas y apóstoles y predicadores de la paz islamocatalana, o mejor, la “pau”, que en español hasta la paz está prohibida. Así que al tuntún acabo.


jueves, 7 de septiembre de 2017

TITULARES DE PRENSA



Los periodistas saben que su poder se basa en los titulares. El poder de los titulares es el poder de la prensa. Los titulares venden porque influyen: no sólo marcan y enmarcan la actualidad, sino que la crean. La actualidad se convierte así en la única realidad importante. Dame un buen titular y quédate con todo lo demás.

Nuestro cerebro vive en una permanente sobreexcitación, si se para un segundo, se muere. Las neuronas son como las hormigas o las abejas, no cesan de agitarse. La glucosa es su droga: la consumen vorazmente. Dos impulsos las guían. Por un lado, un sistema de alerta: cuanto más cambiante e imprevisible es el entorno, mayor atención absorbe y más superficial su percepción. Somos débiles, frágiles; ni siquiera tenemos un caparazón para proteger nuestros órganos interiores, ahí donde se trajina todo. Así que hay que tener mucho ojo, cientos, miles de ojos para que no nos atropelle un coche, una bicicleta, no nos intoxiquemos con un boquerón en mal estado, no digamos una palabra de más y nos ganemos un enemigo para toda la vida.

La segunda fuerza que impulsa a las neuronas es la búsqueda de recompensa, de placer, de endorfinas y toda esa retahíla de sustancias que han descubierto los científicos husmeadores de nuestros fluidos. Hay placeres que simplemente son compensatorios, apaciguadores de la angustia, creadores, confirmadores de un entorno de seguridad. Las ideologías religiosas y políticas cumplen muy bien con esta función.

Si es cierta mi teoría de la sobrexcitación neuronal (nuestro cerebro no descansa ni durmiendo), los titulares sirven para mantener activo este sistema de alerta y recompensa. Nuestro cerebro está casi todo él “ideologizado”, así que interpretamos los titulares en función de ese sistema cognitivo interiorizado que ayuda a movernos por el mundo con rapidez y sensación de control. El éxito de un medio de comunicación es, o complacer a los seguidores de una ideología, o jugar a atraer a ideologías más o menos opuestas, aunque eso suponga contradecirse, pero para eso siempre se puede apelar a la “objetividad y neutralidad informativa”.

Voy a aplicar esta hipótesis a los titulares de hoy. La Vanguardia se inclina por complacer a los de la tercera vía y enfriar un poco a los secesionistas: el fiscal general dice que amparará﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽general dice que ecesionistas: or complacer a los de la tercera vça, creadores de seguridad, confirmadores de un entoná a los funcionarios ante el 1-O: “nadie sufrirá por cumplir la ley”. Fíjense que el fiscal no apunta a los que se saltan la ley y montan un golpe de Estado, sino a los pobres funcionarios que no sabrán qué hacer, si cumplir la ley impuesta por los golpistas o la tambaleante del Estado. Confusión, fruto de la más deleznable cobardía. ¿No dijo ya Puigdemont ayer que ir contra su golpe de Estado e impedir las urnas, sería dar un golpe de Estado? ¡Toma ya! Franco tampoco dio un golpe de Estado, sólo se levantó contra el golpe de Estado que habblica.﷽﷽﷽﷽ Reppe de Estado que habgolpe de Estado, sino que se levantan te del Estado.pobres funcionarios que no sabrde un entonía dado la República.
Seguimos con la Vanguardia. Maroto: “No explicar las medidas contra el 1-O es una parte de la estrategia del Gobierno”. El mantra apaciguador de Rajoy: astucia, prudencia, proporcionalidad. ¿Y si en realidad no hubiera estrategia, ni táctica, ni nada de nada, sino un “ya veremos”, como vengo sosteniendo? Debería existir un plan claro, conocido, bien preparado, pero eso supondría encarar el problema, no desde el inmediatismo de los titulares, sino desde la responsabilidad y la valentía, cosas que tendremos que ir a buscar a otra galaxia, no bajo los faldones del PP.

Sánchez: “Antes y después del 1-O Catalunya seguirá siendo España”. Tranqui, Jordi, tranqui. El de “todas las naciones son España”, el valedor de quien asegura que “Madrid es una nación”, nos dice que él arreglará el tinglado, los títeres de maese Pedro. Y Albert Rivera, el nuevo apaciguador: “Acabarán inhabilitados y creo que debe ser así”.  Atentos a la lítotes: “creo”. Ya dijo que los que silbaron y abuchearon al Rey en la manifestación de Barcelona eran unos pocos “maleducados”… Tan fino, acaba siendo relamido. Más: “Manifiesto en Catalunya en Comú contra el 1-O”. Fijémonos en que dice “en” y no “de” Catalunya en Comú, porque se refiere a unos 300 militantes que discrepan de la línea de Colau, que va a celebrar con Iglesias el 11-S para apoyar “la soberaa de Catalunya"o sabrde un entoncon Iglesias el !s que discrepan de la ltacia, no bajo los faldones del PP. e no sabrde un entonnía de Catalunya”.


Podría seguir con otros titulares y otros periódicos. Se titula para llamar la atención. La atención se atrae complaciendo y reafirmando las ideologías de los lectores. Quien se quiera informar, que piense y reflexione por su cuenta, que ponga entre paréntesis su ideología. Que depure, que no se deje arrastrar por los titulares. Que alimente sus neuronas con sus propios mensajes, su propio néctar. 

miércoles, 26 de julio de 2017

LA LIBERTAD COMO ILUSIÓN


Ilusión tiene un sentido negativo (algo que parece real pero no lo es) y otro positivo (algo que provoca entusiasmo y esperanza). Sólo en español adquiere este sentido positivo, y quizás por eso podemos pasar tan fácilmente de ilusionado a iluso, de visión a alucinación, de ideal a utopía, del ensueño a delirio. Cervantes construyó con esta dualidad a don Quijote y logró describir esa inquietante propensión a ir de un extremo a otro sin solución de continuidad, que es quizás el rasgo histórico que define mejor al español.

(Angela T. Galisteo)
De todas las ilusiones, la que más me interesa es la ilusión mental. Me refiero a esas ideas y creencias que tomamos por reales aunque nunca nos hayamos parado a comprobar si son o no meras ilusiones. La que más arraigo tiene, quizás porque no podamos vivir si ella, es la ilusión de libertad. El sentido de identidad individual se fundamenta en la ilusion mental de que somos lose fundamentas en la ilusia comprobar si no son meras ilusiones.itar que, como ocurris en disputa son ón mental de que somos dueños de nuestras ideas y pensamientos y que, por lo mismo, las decisiones que tomamos cada instante nacen de nuestra voluntad.

Si algo me ha enseñado la vida es que ni nací libre, ni soy ni seré nunca libre y que, sin embargo, necesito ser libre, creer en mi libertad, luchar por ella y ejercerla tanto como necesito respirar. Precisamente porque la libertad es una ilusión, por un lado no me hago ilusiones sobre ella (que es tanto como no hacerlas sobre mí mismo y mis poderes), pero, como también es un anhelo necesario, no dejaré de construir dentro de mi mente un espacio libre de prejuicios, de ideas impuestas, de hábitos y automatismos: esta es mi verdadera libertad, la libertad de pensar y juzgar por mí mismo en función de lo que veo, lo que siento, lo que sé y lo que razono.

Sólo cuando uno se toma a sí mismo como lo que es, un ser único e intransferible; sólo cuando uno se responsabiliza de su individualidad, puede compartir con otros sus ideas, contrastarlas, discutirlas, despojarlas de toda imposición y dogmatismo, que es lo contrario de la libertad. Responsabilizarse de las propias ideas exige un estado de permanente vigilancia para no dejarse arrastrar por la tendencia al gregarismo, la adaptación al grupo, la acomodación al entorno, el miedo a la exclusión y el aislamiento.

Observo a muchos que me rodean y pienso que serían capaces de morir por unas ideas que no son suyas porque jamás se han parado a despojarlas de la ilusión de verdad que encierran; capaces de entregarse con una pasión desbordada a defender ideas que otros han metido en su cabeza y en las que creen con fe ciega; seres que se creen muy libres mientras reaccionan como autómatas en cuanto alguien pone en duda sus creencias.

Aspiro a ser cada día más libre, o sea, a tener ideas propias, construidas sobre la objetividad y la razón; ideas libres, que sólo ellas pueden ser liberadoras; ideas descontaminadas, que no me obliguen a aceptar lo que otros dicen por miedo al rechazo, al chantaje de la inseguridad. Aspiro a tener cada día más ideas y menos ideología, porque las ideas pueden ser propias, pero la ideología es siempre colectiva. Compartir ideas sin necesidad de defender una ideología, porque el paso de ideología a creencia, y de creencia a dogma, es casi inevitable. La clave está en no confundir las ideas con la persona, romper esa tendencia perversa a identificarnos con nuestras ideas, haciéndolas carne de nuestra carne. Yo soy mucho más que mis ideas, y más cuando se convierten en creencias y dogmas a las que entrego mi seguridad. Porque cuanto más inseguro, más dogmático.

Al no darle valor objetivo a las ideas, al confundirlas pegajosamente con nuestras emociones y nuestra identidad, acabamos convirtiendo cualquier idea en opinión, o sea, en una idea de mi propiedad. Contradecirla, por lo mismo, es atacar a la persona, despojarla de algo que le pertenece. Pero no, las ideas, una vez expresadas, ya no son de uno, son de cualquiera que las analice, discuta, acepte o rechace.

Apliquen estas reflexiones a la política dominante, donde toda idea (incluso buena) acaba convirtiéndose en opinión, ideología, dogma, religión y secta. Vean a los ultraseguidores de Podemos, de Pedro Sánchez, de los nacionalistas, euskaldunes y galleguistas; a los antisemitas propalestinos (siempre disfrazados de antisionistas), a los antitaurinos hispanófobos, los animalistas agresivos, a la policía política del movimiento LGTBIQ, a los chavistas, los monederistas, los ultraliberales, los antiabortistas o, de modo extremo, a los islamistas y sus defensores. Todos, por supuesto, se creen muy libres, incluso defensores de la libertad. Ilusos, pero peligrosos.





miércoles, 19 de julio de 2017

ERREJÓN Y LA TEORÍA DEL HUEVOCASTAÑA




Que dice Errejón que “los progresistas de España cometieron una irresponsabilidad que no tiene razón de ser: alejarse de España, sentir que España era el problema y que la solución era una especie de cosmopolitismo”. Vamos a explicárselo mejor al muchacho, que al parecer no ha tenido tiempo de enterarse.

(Foto: S. Trancón)

Primero: no es que los “progresistas” se hayan alejado de España o sentido a España como problema, no, que eso ya lo sintieron hasta los del 98; lo que han hecho ha sido negar la existencia de España, empezando por no pronunciar su nombre, que es un intento muy freudiano de no aceptar el principio de realidad. Comenzaron hablando del “Estado español”, identificando a España con el franquismo, y ahora lo han sustituido por el significante vacío “nación de naciones”. En esto han seguido al pie de la letra (iba a decir del culo) a los independentistas, cuya principal misión ha sido, no ya negar la existencia de España, sino convertirla en objeto de un rechazo y desprecio absolutos.

Segundo: los “progresistas” no han sustituido a España por ningún cosmopolitismo, sino por un nacionalismo rancio, retrógrado y etnicista, que es la forma suave con que hoy llamamos al racismo de Sabino Arana, Prat de la Riba o Heribert Barrera (a los que el pimpollo Errejón ni ha leído ni leerá), que sigue siendo la base ideológica y sentimental de todo nacionalista.

Prosigue el politólogo interino, de pronto transmutado en defensor de España, de sus logros sociales, su democracia y su cultura: “Creo que ya va siendo hora de reivindicar una idea fuerte de España, un patriotismo desacomplejado. Hay muchas razones para estar orgulloso de nuestro país. (…) Creo que tenemos un país democráticamente muy maduro; aquí la crisis no ha generado irrupciones xenófobas (sic). (…) Hay una escasa autoestima propia (sic), que no está justificada y que hay que revertir”. Y continúa haciendo alabanzas de nuestro sistema educativo, sanitario, de igualdad de oportunidades… Pese a todo ello, defiende que los catalanes “tienen derecho a decidir su encaje en España”. Y sin definir qué sea ese encaje de bolillos, asegura categórico: “con un encaje diferente Cataluña se queda en España”.

Uno duda si se trata de incapacidad mental o de una impostura descarada. Como dije de Pedro Sánchez, estos defensores del círculo cuadrado o del huevocastaña, lo hacen con tanta ligereza que a uno le hacen dudar de si compartimos una misma estructura cerebral o si asistimos a una mutación en busca de su oportunidad evolutiva. No es posible decir que hay que recuperar la idea de España y perder el complejo de pertenecer a ella, al mismo tiempo que se hace todo lo posible por destruir España apoyando a quienes han convertido este objetivo en su principal empeño político.

“Hay que dar todas las facilidades y poner todos los medios para que se realice el referéndum”, ha defendido Iglesias siguiendo a Colau, aunque él dice que no votaría. Vean cómo lo explica, convirtiendo el referéndum en una “movilización”: “Si usted me dice que tengo que ir sí o sí a esa movilización, yo le digo: déjenme decidir en libertad si yo voy o no voy a la manifestación que ha convocado usted. Pero eso sí, como demócrata me parece excelente que a nivel institucional se le den todas las facilidades para que usted se manifieste”. Un acto ilegal, de sedición y rebelión contra la Constitución y el orden democrático, se convierte de pronto, porque lo digo yo, en una movilización democrática que no sólo hay que defender, sino exigir que el Estado consienta, apoye y organice. La nueva política perfeccionando el arte marrullero del cinismo más desacomplejado.

No vendrá la renovación y la defensa de la España democrática como único espacio del bien común y garantía de la igualdad de todos los españoles, de la mano de estos retroprogres de salón, oportunistas del patriotismo anticonstitucional, defensores de la teoría plurinacional del huevocastaña. ¿Todavía queda alguien que se crea que serán los Errejones, los Turriones, los Icetas y los Castejones, los que nos salvarán del independentismo sedicioso y secesionista?

Viendo tanta confusión y descaro se hace cada día más imprescindible una izquierda distinta que sustituya a esta morralla política e ideológica, que tenga claro qué es un Estado democrático, qué ha sido y qué es hoy España, y que sea radical y beligerante en la defensa del bien común frente a los intereses y ambiciones de las minorías nacionalistas, hoy defendidas por una izquierda descarriada, antinacional y, por lo mismo, antisocial.



martes, 11 de julio de 2017

LA HORA DE LOS NECIOS

(Foto: A. Galisteo)

No hace mucho escribí un artículo titulado “La hora de los cabestros”. Vuelvo ahora con la hora de los necios para ajustarla al huso horario del verano y no perder el hilo con que me devano los sesos tratando de comprender qué sucede a mi alrededor. Y a mi alrededor sucede que se suceden muchos necios, necios de profesión y en procesión, pasando delante de mis ojos, que para eso se inventó la pantalla doméstica, para domesticarnos y acostumbrarnos a la necedad como lo más propio de la especie humana, en especial la especie política, una variedad acendrada de la especie humana en extinción.

Necedad y falta de coraje

Defino y me defino, para que se me entienda mejor. Digo necio, a lo cervantino, por ser palabra “sonora y significativa”, un precipitado semántico que nace del desnate de ignorante, incapaz, terco y obtuso. Me ahorro así el insulto crudo, que queda mal en estos tiempos de pura impostura, de compostura televisiva y mediática, de ten mucho cuidado con meter la pata o decir una palabra más alta que otra. Entro así en la cara oculta de los necios, a la que ellos llaman prudencia, y que no es otra que la faz de la cobardía, una pusilanimidad que maquilla su turbia palidez con  astucia, moderación y cautela. Quiero decir que entre las muchas clases de necios, me refiero aquí a los que lo son, sobre todo, por falta de coraje.  Ya dijo Félix de Azúa que “el pensamiento, como el arte, no es asunto que dependa de la inteligencia, sino del coraje”.

Así que hablo de los necios de la política, o mejor, de los políticos necios, los que son incapaces de pensar por falta de coraje. Se piensa para buscar la verdad, y la verdad exige, en primer lugar, coraje, porque rara vez la verdad es precavida, acomodaticia, timorata o cautelosa. La verdad, la pura verdad, es casi siempre atrevida, y por eso tiene tan pocos seguidores. Es la verdad la que vuelve más cobardes a los cobardes, que no hay mejor modo de desenmascarar a los taimados que ponerles ante el espejo de la verdad. ¿Y cuál es hoy, aquí y ahora, la verdad que ciega y atonta a los necios, esa legión adormecida y adormecedora que vive acomodada y protegida tras la burbuja de la política?


El orden constitucional ha desaparecido hoy en Cataluña

La cruda verdad es que el orden constitucional ha desaparecido hoy en Cataluña, un hecho que pone de manifiesto la incapacidad del Estado, como poder último regulador de las relaciones sociales, de defender la integridad territorial, política y jurídica de la España democrática, espacio del bien común y garantía de la igualdad de todos los españoles. Y todo esto se ha perpetrado mediante un golpe de Estado prolongado y consentido que anuncia públicamente el día en que establecerá una ley marcial, un bando con el que empujará a media Cataluña a votar un referéndum que legitime el establecimiento de un nuevo orden. Una legitimación de la tiranía que sólo los necios dudan en calificar como lo que es: la deriva natural del nacional-fascismo catalanista.

Está claro que el actual club de necios que hoy manda en nuestro país (de políticos a jueces, de periodistas a empresarios), jamás luchó contra el franquismo ni entendió qué fue y cómo actuó, pues de lo contrario no dudaría hoy en calificar al separatismo como un movimiento de profunda raíz antidemocrática y totalitaria, contra el que sólo cabe la lucha abierta y con determinación, pues no hay más que una salida: o triunfa la sedición o ganamos los demócratas imponiendo de nuevo el orden constitucional en Cataluña.


PP, PSOE y C’s, responsables de anestesiar a los ciudadanos

Llamo necios especialmente a quienes debieran tener las cosas claras: PP, PSOE y C’s, hoy titubeantes, responsables de anestesiar a los ciudadanos con su política de apaciguamiento, componendas, traición y prevaricación. Incapaces de defender los derechos y libertades de todos los españoles, y especialmente de los catalanes. Mientras los independentistas ya hablan sin tapujos, olvidando la ambigüedad calculada, o sea, el cinismo, y, sobre todo, cuando actúan pasándose por la ingle las resoluciones y mandatos del Tribunal Constitucional (¿cuántas resoluciones lleva dictadas que se disuelven en el aire como humo?), hete aquí que los pusilánimes reculan ante su obligacio﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽plir y hacer cumplir la ley m sin tapujos, he aquntras defiende al movimiento LGTBIQ catalanes. ometidos hoy a avance ón de cumplir y hacer cumplir la ley. Dice Puigdemont: “Nos tienen miedo y más les daremos”. Lo ha dicho públicamente, retando a los poderes del Estado, y esta amenaza no provoca ni una sola reacción. ¡Y siguen defendiendo que su movimiento es pacífico y democrático y que no hay que provocarlos! ¡Pacíficos de cuidado! ¡Cuidado con la fiera, no vaya a enfadarse! Sánchez ha dicho que aplicar el 155 crearía más independentistas. La Constitución crea independentistas, ¡suprimámosla! Y España. ¡Acabemos con España, que es una fábrica de independentistas!

Voy a señalar, por último, hasta qué punto nuestros políticos y opinadores y politontólogos y hasta jueces respetados, han perdido el rumbo, y cómo nos marean con la aguja de marear la perdiz. Dicen que la Ley del referéndum y de Transitoriedad es “un bodrio y un disparate jurídico” (Felipe González), y que “si vulneran la Constitución habrá que dar una respuesta”(Aznar: reparen en el condicional). La opinión de Rajoy y su corte ya la conocemos, “no habrá referéndum”, “mientras yo”... También hay juristas que se afanan en detallarnos todos los “fallos jurídicos” de la norma, su falta de claridad y precisión en tal o cual artículo, etc.


Estado de excepción: el toque de queda de la democracia

Pero vamos a ver: no hace falta ser jurisprudente, ni mini o plenipotenciario, ni ex presidente, ni jefe de opinión, sino necio, para no darse cuenta de que eso que llaman Ley no es otra cosa que la declaración de un estado de excepción, la suspensión de cualquier garantía constitucional, una orden manu militari que establece el toque de queda de la democracia y obliga a su cumplimiento mediante la amenaza y la coacción; que no es más que un burdo artilugio para declarar el asalto definitivo al poder con la esperanza de que su mera proclamación acojone y paralice al enemigo; que no merece un segundo de análisis o  consideración jurídica, porque el mero hecho de hacerlo ya le otorga un valor y un reconocimiento inadmisibles.

La incapacidad para salirse del marco mental impuesto directa o indirectamente por los independentistas (nación, plurinacionalidad, referéndum, derecho a decidir, voluntad del pueblo catalán, legitimidad, federalismo, reforma de la Constitución, blindaje de competencias, etc.); no entender que se pierde la batalla desde el mismo momento en que se acepta ese marco y ese lenguaje…, a eso llamo yo necedad supina, indefensión y rendición anunciada.   

Tranquilos, que “España no se va a suicidar”, ha sentenciado engoladamente González, como si no estuvieran ya los ciudadanos aceptando la cicuta diaria que le ofrecen los políticos y los medios de comunicación. Y Zapatero, partidario también de meterse ahora en el pantano de la reforma constitucional, declarándose “permanentemente reformista”, como si la Constitución fuera una ordenanza municipal sobre el tráfico de camellos.


Dos postdatas: Rivera y el secesionismo en Alemania e Italia

P.D.1. Me olvidaba de Rivera, el aspirante más cualificado para llevarse el premio al mayor necio del reino. Dice que él “trabaja para que no haya que aplicar el 155” porque eso será “darle un titular fantástico a los nacionalistas”. Como si la celebración del referéndum y su resultado (mayoría aplastante) no fuera el más fantástico titular al que aspiran los independentistas. ¡Mayoría aplastante a pesar de todos los obstáculos y amenazas del Estado opresor! ¡Toma titular, Riverilla! Y sigue el pitoniso de la Barceloneta: “Hasta Puigdemont sabe que no habrá referéndum”. Pues yo te digo lo que habrá: un avance casi irreversible hacia una independencia de hecho. ¡Pero si no dejan de decirte que esto es un proceso! Darán un paso adelante, pase lo que pase, y de lo que pase sabe mucho Rajoy, o sea, nada de nada. En su delirio, Rivera ya ve a Arrimadas como presidenta de la Generalidad. Lo dicho, el primer premio, y por mayoría aplastante.

P.D. 2. Miren cómo acabó el intento de referéndum secesionista del Estado Libre de Baviera (lo fue hasta 1949). Resolvió el Tribunal Federal de Alemania: “En la República Federal de Alemania, que es un Estado-nacin﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ral de Alemania, que es un Estado-nacieral de Alemania "ralidad. Lo dicho, premio por mayorón basado en el poder constituyente del pueblo alemán, los Estados no son dueños de la Constitución. Por lo tanto, no hay espacio bajo la Constitución para que los estados individuales intenten separarse. Esto viola el orden constitucional”. Sentenció y se acabó la discusión. ¿Se imaginan que Baviera hubiera tirado la sentencia a la papelera y estuviera a las puertas de realizar un referéndum?
Segundo ejemplo: La Corte Constitucional de Italia, sobre el intento de secesión del Véneto, estableció en 2015 “la inconstitucionalidad del referéndum sobre la independencia de una hipotética república veneciana por ser contrario con el principio de unidad e indivisibilidad de la República”. Resultado: el pueblo soberano de Venecia está a punto de proclamar unilateralmente la independencia de la República Veneciana… Alemania e Italia, ya se sabe, son Estados opresores, como bien demuestra el hecho de que Hitler y Mussolini siguen vivos.