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viernes, 29 de febrero de 2008

LA FLOR Y LA NATA: ANTOLOGÍA DE PANDORA


Leo con frecuencia frases, versos, afirmaciones e ideas que me desconciertan: no acierto a comprender cómo han podido ser escritas y, sobre todo, publicadas. O yo estoy muy fuera de este mundo o a sus autores se les ha desquiciado algún circuito neuronal. Inicio con esta entrada una antología de desatinos literarios. No voy a citar a sus autores, todos ellos de fama y valía más o menos conocida, porque no se trata de atacar a nadie. El curioso que indague la fuente. Lo que me interesa poner de manifiesto es que no todo lo que escribe un autor, por reconocido que sea, es necesariamente bueno; que aun los autores más excelentes escriben a veces tonterías y, por supuesto, las publican; que incluso dentro de una gran obra o un gran poema, pueden colarse banalidades y disparates. Quien se ofenda, allá el, confirmará que carece de humor y de espíritu crítico, algo muy saludable para cualquier escritor. Así que me arriesgo. Si se despiertan los demonios, seguro que me pillan confesado.

Tú no quieres banderas, corazón, no quieres confortarte”.
Así comienza un librito de prosa poética (¿?) que acaban de enviarme. ¿Cómo es posible que al autor no le chirríe este uso reflexivo del verbo “confortar”? Se puede confortar a otro (es verbo transitivo), pero no a sí mismo. Igual quiso decir “no quieres conformarte” y, para darse un poco de lustre deconstructivo lo cambió por ese “confortarte” ininteligible.
Luego prosigue:
“Las escasas certezas son ceniza que corre como arena del desierto al viento de la luna”.
Dejemos de lado esas aliteraciones casi inarticulables (as-es-as-cer-zas-ce-za); dejemos de lado la redundancia “ceniza”- “arena”; dejemos de lado la nada imaginativa comparación “como arena del desierto”; pero no pasemos por alto esa arena-ceniza que corre “al viento de la luna”. ¿Cómo “al”? ¿La ceniza persigue al viento? ¿A la luna?

De un artículo de mi amigo Ernesto Escapa, agudo e inteligente crítico y escritor, recojo estos versos, seguramente ya conocidos por algunos:


«Nada es lo mismo, nada permanece. Menos la Historia y la morcilla de mi tierra: se hacen las dos con sangre, se repiten».


(Invito a todos los que se animen a ampliar esta Antología de Pandora y me manden sus hallazgos. No hace falta ir a la búsqueda de tropiezos o rarezas; la mayoría saltan a la vista).

VICIOS Y SERVICIOS DE LA MENTE

(Foto: A.Real)


(Prosigo con mi teoría filosófico-literaria de los tres mundos y aclaro ahora mi idea de la mente)

Hoy tiende a imponerse una idea biologicista de la mente, identificada con la actividad del cerebro. Este reduccionismo es bueno para la medicina, pero deja de lado el aspecto más inquietante de nuestra actividad neurológica: cómo emerge, o cómo se construye, el pensamiento y la conciencia a partir de esa activación electroquímica. Lo cierto es que la mente es una máquina de impulsos que genera imágenes y frases de modo permanente.

En el centro de la mente está el yo. Dado que el yo no es ni un objeto ni una esencia, sino una imagen interiorizada, especular y evanescente, los esfuerzos de la mente para mantenerlo son verdaderamente titánicos. El yo se sostiene mediante un diálogo interno casi ininterrumpido. Esto supone un gasto ingente de energía. Así que, en principio, siendo el yo necesario, la energía que consume parece excesiva. Es ésta una buena razón para tratar de mantenerlo a raya, para evitar que sobrepase sus funciones y de sirviente se convierta en amo.

En el centro de la mente está el yo, y en el centro del yo, la importancia personal y la ilusión de inmortalidad. De aquí nacen mis prevenciones contra esa idea del yo que hoy se defiende a machamartillo, sin atisbo de crítica. Creerse importante e inmortal: obsesiva y compulsivamente atrapados en este delirio. Por eso el yo está siempre a la defensiva, encapsulado. El yo es una burbuja especular: donde quiera que mira sólo se ve a sí mismo. El autorreflejo.

El lugar de ese yo, llevar a la mente la conciencia de uno mismo. De la totalidad de uno mismo. Soy algo más que un yo. Somos seres singulares cuya existencia dura un poquito.

La mente es también un pensar. En el centro del pensar está la razón. La razón es la capacidad de analizar, distinguir, relacionar, recordar y anticipar. Colocar en el centro de la mente la razón es muy difícil, pero preferible al yo.

Pero la razón tiene también sus límites; le cuesta muy poco dejar de ser razonable, casi siempre cargándose de razones. Como el yo, es necesaria, pero no conviene dejarla al mando de nuestra vida. Con frecuencia, usamos la razón para defender al yo. A la razón le cuesta mucho reconocer que no tiene nunca la última palabra. La última palabra es el misterio, lo inexplicable y lo incomprensible.

La mente se alimenta de creencias y automatismos. Su tendencia natural es hacia la rigidez, el dogmatismo, el absolutismo, la generalización arbitraria, la dicotomización y la compulsividad emotiva.

La mente, a pesar de todo lo dicho, es una ventana luminosa por la que podemos asomarnos al mundo; incluso una puerta por la que podemos salir de nosotros mismos para adentrarnos en la realidad que nos rodea y sus misterios. Una mente clara, serena, abierta y atenta. Una mente que construye frases e imágenes capaces de transformar el mundo y de transformarnos.

miércoles, 27 de febrero de 2008

LA PATAGONIA, TAN CERCA

(Foto: Rafael Ferrando)
Acaban de construir frente a mi ventana un bloque de once pisos, contados desde abajo y uno por uno. Cuando yo me compré este apartamento, la noble Inmobiliaria me aseguró que el terreno de enfrente era suelo público destinado a jardín municipal, que son los mejores jardines que se conocen. Que así constaba en el Plan Urbanístico Municipal. Así lo creí yo, confiado, y no consulté ni comprobé nada hasta que una mañana, al abrir la ventana, me topé con una grúa que casi podía tocar con mi mano diestra. Fui a protestar a la S.A. Inmobiliaria, que por entonces ya había cambiado de nombre y sede social, y arduo trabajo detectivesco me costó dar con su nueva residencia. Allí, muy educadamente me atendieron y escucharon, y después de una hora de consultas municipales me informaron de que el Plan Urbanístico Definitivo había sufrido algunos retoques, entre los que se encontraba la venta de aquel terrenito colindante, y que todo ello había sido legalmente aprobado en sesión extraordinaria del 18 de Julio de 1999, antes de que acabara el siglo y el mandato, y que así se hizo atendiendo a dos razones: una) la abundante plantación de esmirriadas acacias caducifolias y de otras muy decorativas coníferas de hoja perenne por toda la zona, con lo que el metro cuadrado de verdura por habitante sobrepasaba ya la media europea, razón por la que no era aconsejable aumentar la fotosíntesis del barrio; dos) porque con el montante de la venta el municipio podría atender a otras causas de indudable utilidad pública.
Quedé totalmente convencido y abrumado por la atención y las razones de peso social que habían obligado a los cambios del Plan Urbanístico, justo en aquel puntito del Plano que caía bajo mi ventana.
Todo siguió hacia delante y hacia arriba y sin posibilidad de apelación, y después de dieciocho meses de infatigable ruido, ya acaban de coronar la cima de este Everest, con dos pisos más de lo debido, eso sí, pero como van retranqueados y desde la acera de abajo no se ven, pues el edificio queda inscrito como de nueve plantas, que son las que en realidad tiene, porque las otras dos no son más que un dúplex abuhardillado en la punta, muy hacia la punta. Yo en cambio bien lo veo, que se me mete en el dormitorio de éste mi séptimo no retranqueado.
Bueno, pues ante lo irremediable ya me he comprado otro piso en la Cochinchina, que allí son mucho más baratos, y hacia allá me voy la próxima semana. Como despedida he organizado una pequeña fiesta, con fuegos artificiales y todo. Desde mi nuevo hogar, allá un poco lejos de aquí, y por control remoto, aprovechando que también pasan los satélites por el Hemisferio Sur, voy a pulsar un botoncito con el que se encenderá automáticamente el aire acondicionado de éste todavía mi pisito, hasta hace año y medio envidiable, con sus vistas panorámicas sobre la Casa de Campo; pulsaré una tecla de mi ordenador portátil, digo, y se encenderá el motor del aire refrigerante al que he conectado un lanzagranadas potentísimo que he colocado estratégicamente en mi dormitorio y frente a la referida cúspide reduplicada. Lo adquirí en una almoneda del Rastro que sirve de tapadera al tráfico de armas de destrucción masiva. Si todo sale como es casi seguro que salga, los retranqueados que llevan el bonito nombre de dúplex volarán por los cielos velazqueños al tiempo que una gran pancarta se desplegará por el aire con la inscripción “NO ERAN LEGALES”, frase intencionadamente ambigua, pues alguno puede pensar que se ataca a emigrantes sin papeles, pero los más se darán cuenta de que los ilegales son ellos, los pisos y las S.A. ladrileñas.
He dicho que me iba a la Conchinchina y corrijo: quise decir que me piraba a la Patagonia, a contemplar focas, que allí es mucho más difícil que me pillen. Al fin y al cabo ya he vendido mi piso y no he dejado ni una sola huella sobre el armamento empleado, tipo destripacarros de combate de ésos que se usan en guerra de Irak, la madre de todas las guerras del siglo XXI.
Sí, lo tengo todo minuciosa y científicamente planificado –aunque no experimentado–, para que todo salte por los aires el próximo miércoles por la noche, un día muy normal, pero teniendo en cuenta que a esas horas no haya obreros rematando la faena. He querido así evitar muertes inocentes y minimizar los inevitables daños colaterales, al propio tiempo que añadir cierta espectacularidad al evento, pues el impacto provocará llamaradas y meteoritos incandescentes de indudable belleza en medio de la noche. Alguno pensará que no me atreveré o que el mecanismo al final afortunadamente fallará. Ya veremos.

lunes, 25 de febrero de 2008

AFORISMOS, PENSAMIENTOS, MÁXIMAS Y MÍNIMAS (IV)

(Foto: K.Badillo)


Uno y uno pueden no ser dos, sino tres.
Cuando hay encuentro y diálogo, siempre aparece algo nuevo, un tercero en discordia que busca la concordia.
(Por ejemplo: entre el cuerpo y la mente, la conciencia, que busca unirlos y concordarlos).

Los opuestos pueden ser complementarios: Hombre y Mujer.
Los opuestos pueden llegar a ser casi lo mismo: Hitler y Stalin.
Los opuestos muchas veces son sólo superficialmente contrarios: Cataluña y España.

El pensamiento dicotómico excluyente casi siempre induce a error.
Tener en cuenta lo opuesto, sin embargo, siempre es útil: evita el absolutismo, la rigidez mental. Es bueno para relativizar el juicio, para cuestionar creencias, ideas y opiniones.

Subjetividad y objetividad son dos opuestos necesarios y complementarios.
La subjetividad busca y necesita la objetividad, la objetividad necesita integrar a la subjetividad.

Hay falsos opuestos: yo/sociedad.
El yo es una construcción individual, imaginaria y especular, pero su origen no es individual, sino social, en la medida en que el espejo primero y último siempre es el otro, los otros.

Quien se mira en el espejo no soy yo, sino la mirada de los demás. El yo es en gran parte la mirada interiorizada de los otros. Por eso nos cuesta tanto vernos y reconocernos en el espejo.

El yo no es el reino de lo propio, lo individual o singular, sino de lo común, lo instalado, lo construido. Lo más parecido a un yo es otro yo.

No puedo prescindir del yo, pero puedo reducir sus dimensiones y su controlar su tendencia al totalitarismo: a ocupar todo el espacio de la mente e impedir el desarrollo de la conciencia.
Puedo servirme de mi yo, pero no supeditarme a él, no ser su esclavo.

¿Pero sin yo, qué hago? ¡Encontrarte a ti mismo!

AFORISMOS, PENSAMIENTOS, MÁXIMAS Y MÍNIMAS (III)

(Foto: A. Real)
Soy el que soy, dijo el sabio (no Yavé).
("Sólo un insecto puede ser un insecto", Chuang Tsé)
No soy lo que fui.
No soy lo que seré.

No soy lo que pienso que soy.
No soy lo que me digo que soy.
Sólo soy lo que ahora soy.

Soy lo que ahora hago.
Soy lo que ahora pienso.
Soy lo que ahora siento.

No soy lo que hice.
No soy lo que haré.
No soy lo que pienso que haré.

Soy lo que ahora puedo hacer.
Soy todo aquello que ahora puedo hacer.

Así que estoy cambiando a cada instante.
Nunca soy el mismo.
No me aferro, por tanto, a lo que fui
ni le temo a lo que seré.

Cambio, voy modificando mis ideas, creencias, deseos.
Cambiar no es ir dando tumbos como la hoja desprendida del árbol.
Cambiar es dejarse llevar por lo que estimula, serena, despierta, da energía y conocimiento.
Es no dejarse absorber por el yo y la preocupación por uno mismo.
Es seguir el rastro de la conciencia, allí donde aparezca: un libro, un amigo, un pájaro, un árbol, un sabor, una frase, un verso, un conflicto, un encuentro, una muerte, un dolor, una humillación, un fracaso, un logro.

domingo, 24 de febrero de 2008

AFORISMOS, PENSAMIENTOS, MÁXIMAS Y MÍNIMAS (II)

(Foto: Agustín Galisteo)
Hay pensamientos tóxicos.
Hay pensamientos que debilitan.
Hay pensamientos que contaminan.

Hay información basura,
opinión basura,
pensamientos basura,
imágenes basura.
En la televisión, en la radio, en los periódicos, en Internet.
Hasta en los libros.

(Nos sobra información, porque la mayoría no sirve para nada, y nos falta lectura. Leer para informarse, y no para vivir, para conocer y pensar, es uno de los mayores errores de quienes tenemos afición a las palabras. ¿Para qué me sirve esta información? Es una buena pregunta).

Hay literatura tóxica, contaminante, ofuscante.
Y teatro. Y arte. Y cine.
Y religiones, grupos, industrias, publicidad.

No se trata de un problema moral, sino de salud.
Salud mental, salud física, salud democrática.

¿Cómo reconocer lo tóxico, lo debilitante, depresivo o inútil?
¿Lo que nos desequilibra, irrita, atonta y destruye?

Escuchando al cuerpo.
Atendiendo a las reacciones de nuestro cuerpo.
No permitiendo que la mente ahogue su voz, sustituya la verdad del cuerpo por supuestos, ideas preconcebidas y creencias.

¿Cómo te sientes, cómo se siente tu cuerpo, después de...? (Póngase lo que se quiera: ver un programa de televisión, acudir a una conferencia, leer un libro, hojear un periódico, hablar con alguien, ver una exposición, una obra de teatro, un partido de fútbol, leer un bloc, dar un paseo, escribir un poema, hablar por teléfono, navegar por Internet, comer algo, beber algo, entrar en tal lugar, salir de él…).

Así que no es un problema de saber mucho, de dejarse guiar por consejos o hacer juicios sesudos y pedantes sobre esto o lo otro (incluso éstos), ni de pensar mucho (vale más pensar poco pero bien, que mucho y embarullado), sino dejarse llevar por la espontaneidad de lo que sentimos. Para eso hay que estar en el cuerpo, más que en el yo.

¿Por qué fiarnos más de lo que nos dicen y hacen
que de lo que sentimos con la totalidad del cuerpo?

viernes, 22 de febrero de 2008

EL CUERPO Y SUS MISTERIOS

(Foto: Agustín Galisteo)


¿Qué idea tienes del cuerpo en general, y del tuyo en particular?

Nuestro cuerpo no es un fardo, un peso que tenemos que arrastrar. No es una condena, un estorbo o una fuente de constantes preocupaciones y sufrimientos. No es sólo una masa, una realidad física y un amasijo orgánico. Es, sencillamente todo lo que somos.
Es el yo el que, para constituirse y afirmarse, necesita diferenciarse y separarse del cuerpo. Por eso el yo siempre ve al cuerpo con incomodidad, como algo extraño.

Pero el cuerpo, fuera de los prejuicios del yo, es, en verdad, algo inconcebiblemente maravilloso y complejo. Su propio desarrollo, a partir de dos minúsculas células, es absolutamente inexplicable, por más que la ciencia describa con minuciosidad los pasos de ese proceso.

Las limitaciones y fragilidades de nuestro cuerpo son evidentes e inevitables. Pero yo prefiero destacar sus extraordinarias capacidades, su belleza y sus misterios. Con formidable intento y propósito, vencimos la ley de la gravedad. Nos hemos erguido para poder levantar la vista del suelo y ver el mundo mejor, contemplar el extraño universo que nos rodea. Fue un milagro evolutivo, una singularidad que permitió el desarrollo de la mente, sin perder nuestra habilidad para movernos, para caminar, saltar y correr. Anatómicamente estamos bien diseñados, siguiendo un modelo simétrico, matemático, armónico y bello. Al poder contemplar el horizonte, nuestra mente pudo preguntarse por lo que había más allá. Nació la curiosidad, la atracción de lo desconocido y deseo de conocer.

Así que yo admiro nuestra condición y forma física, anatómica y ligera.

Pero nuestro cuerpo es también inteligente. Por un lado, realiza la mayoría de sus funciones de forma automática y eficiente. Y si algo no va bien, reacciona y nos alerta.
Sólo cuando despreciamos nuestra condición física y orgánica, cuando no actuamos según lo que nuestro cuerpo nos dicta de manera espontánea, sólo entonces nuestro cuerpo se deforma, pierde el equilibrio, se tensa, enferma y acaba volviéndose contra nosotros.
La tendencia natural del cuerpo es hacia la salud y el bienestar físico. Si nos volvemos obesos, pesados, torpes, achacosos, débiles, enfermizos, es porque hacemos algo para lograrlo. Tenemos que emplear cierto tesón, cierto empeño. Normalmente, varios años.

El peor enemigo del cuerpo es la mente. O mejor, la mente egocéntrica, autorrefleja, absorta y encerrada en sí misma. La mente que usa al yo como sustituto del cuerpo. La mente que no acepta la muerte. La mente que crea un yo que se cree inmortal.

(Seguiremos)

jueves, 21 de febrero de 2008

LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA PENDIENTE

(Foto: Agustín Galisteo)
El término democracia ha ido enriqueciendo su significado con el correr de los tiempos, desde sus inicios hace más de 2400 años en Grecia. Hoy ya no es un simple concepto político -un sistema de elección y organización del poder político-, sino un principio general que atraviesa a la sociedad en su conjunto, que afecta a su forma de organización y a todas las relaciones sociales.

La democracia se fundamenta en el principio de igualdad entre todos los seres humanos, con independencia de su sexo, edad, origen, poder económico, religión, ideas políticas, cultura o cualquier otra diferencia.

Quien no acepta esta idea, por más que lo disimule, no es verdaderamente demócrata. ¿Es fácil asumir y llevar esta idea hasta sus últimas consecuencias? No, nada fácil. Ni frecuente.

En cuanto alguien le pone algún pero a la simple afirmación de que todos los seres humanos somos iguales, radicalmente iguales, por más diferencias que podamos descubrir, la democracia empieza a tambalearse.

Es evidente que todos somos singulares, diferentes en algo a los demás. Pero esas diferencias no anulan el hecho fundamental de que “nadie es más, ni menos, que nadie”. Es aquí donde se fundamenta la democracia: no en renunciar o disimular las diferencias, sino en no colocarse, ni creerse, ni actuar por encima ni por debajo de nadie. Si te crees superior, inevitablemente pensarás que no tienes los mismos derechos que los demás, sino alguno más, y acabarás tratando a los otros en función de ese más. Vale lo mismo para el que se cree y se siente “menos”. Acabará aceptando su condición de ser inferior.

Ser demócrata es no considerarse ni superior ni inferior a nadie y actuar en consecuencia. Para ser él mismo, asumir la propia singularidad, el verdadero demócrata no necesita ni ensalzar ni humillar a nadie. ¡Qué difícil! Hay que estar permanentemente alerta. Todos nos creemos muy importantes, siempre por encima de alguien, a la vez que dispuestos a admirar o envidiar a los demás mucho más de lo sensato.

Ver a un mendigo y saber y pensar que no soy superior a él, ni él inferior a mí.
Ver a un actor de Hollywood y pensar y saber que no es superior a mí, ni yo inferior a él.
O a un político. O a un banquero. O a un escritor de éxito. O a un portero. O a un barrendero. O a un compañero de trabajo.

Así que la democracia, en su sentido más radical, es también una actitud, un rasgo de personalidad, un respeto al otro por igual y por diferente, un concepto positivo de sí mismo, no basado en la comparación. Quizás por eso hay tantos demócratas que no lo son. Y partidos, instituciones, jueces, políticos, escritores, periodistas, artistas, profesores, camareros, porteros, obispos, alcaldes... Incluso hasta hay premios literarios que no lo son. Vamos, que ni son literarios, ni democráticos.

miércoles, 20 de febrero de 2008

¿CUÁNDO EMPIEZAN LOS ENTERRAMIENTOS?

(Foto: PortfolioNatural)
Mi amigo Evelio me contó hace un par de días esta historia.

Estaba en el Cementerio de Madrid Sur, que es inmenso. No había ni un alma, ni viva ni en pena. Iba a colocar un ramo de flores en la tumba de mi madre, recién fallecida, y a comprobar la inscripción de la lápida. El grabador había cambiado el orden de las frases. Puso: “Donde quiera que estés, que encuentres la paz”. Yo había colocado en primer lugar “que encuentres la paz”, que es lo que de verdad me importa. Bueno, pues en éstas estaba, cuando aparece una mujer, no sé de dónde, en medio de aquella desolación, de una edad semejante a la de mi madre, y que además se le parecía mucho. Se acerca y me pregunta: “¿Cuándo empiezan los enterramientos?” No supe qué contestar. Algo me sobrecogió, pero enseguida pensé que estaría un poco trastornada. La pregunta era absurda. No preguntaba por un entierro concreto al que quería acudir, y del que, por otra parte, no había señal alguna en todo alrededor. Y me preguntó en plural: “¿Cuándo empiezan los enterramientos?” Me miró, y ante mi silencio y perplejidad, añadió: “¿Cuándo pasan los autobuses?” Esta pregunta ya era más normal, aunque estábamos muy lejos de la salida del cementerio y de la parada de autobuses. Volvía a usar un plural inquietante.
La acompañé hasta el autobús y me contó que había venido a ver a su hijo, fallecido a causa de la droga. No sabría cómo definir su rostro: no había en él desesperación, pero tampoco calma; ni tristeza ni alegría: una extraña concentración en algo que parecía ver más allá de sus ojos. Se subió al autobús y se fue. Yo cogí mi coche y también me fui.
Al llegar a casa su imagen se me hizo cada vez más irreal, como si en verdad no la hubiera visto nunca. ¿Qué te parece?

Le comento que me parece un regalo venido del infinito. Que cuando me lo contaba he visto una fila de autobuses llenos de rostros asustados asomados a las ventanillas. Llegan en masa al cementerio. Los van sacando y los entierran. Un día la muerte llega, pasa a tu lado, te subes a su autobús y te entierran. Al mismo tiempo, en cientos y miles de lugares del mundo están sepultando a cientos y miles de cadáveres. Aquella mujer lo estaba viendo. Ser conscientes de la muerte. No, no es una historia macabra. Desprende luz, una luz suave, aunque cegadora.

(La vida está llena de este tipo de sucesos. Lo que ocurre es que no le prestamos atención y enseguida le damos la interpretación más burda, la más simple. Destruimos el misterio).

TEORÍA DE LOS TRES MUNDOS (IV)

(Fotos: PortfoloioNatural)


Decía que el realismo materialista y mecanicista (sólo es real lo que puede comprobar físicamente) y el idealismo espiritualista y platónico (religioso, panteísta, místico o metafísico) no son plenamente racionales, sólo son asumibles mediante un acto de fe (creer que existe algo que no podemos ni comprobar ni conocer ni experimentar), incluso un auto de fe. Ambos se fundamentan en lo mismo: una creencia. A pies juntos (firmes) o tambaleantes (escépticos). Los escépticos son creyentes de su no creencia.

Otra cosa es dudar, no dar por cierto lo que no podemos saber si lo es. Y hay mucho que no sabemos ni podemos saber. Muchas cosas que no podemos ni podremos nunca conocer ni comprobar con absoluta certeza.

La materia, por ejemplo, ¿qué es? Cuando los científicos exploran lo ínfimo, lo subatómico, lo cuántico, se encuentran con la nada. Y cuando indagan sobre lo inmenso, el cosmos, el universo, pues lo mismo: todo se sostiene sobre la nada, el vacío.
Y Dios, ¿qué es? Una idea. Una idea que la mayoría personifican. Como un Yo descomunal. Un Yo que todo lo ve, lo dirige, lo planifica, lo crea, lo destruye.

¿Cómo salir de este enredo?

Aceptando el misterio y la incertidumbre. Aceptando lo inexplicable. Aceptando lo incomprensible. No dándole un manotazo o tratando de llenar el vacío de sentido con una creencia tranquilizadora.

¿Y la ciencia? ¿No nos sacará de dudas? Pues no, ni ahora ni nunca. La ciencia es saber, y el saber nos atrae, nos empuja a explorar lo desconocido y lo inexplicable. Pero la ciencia, a medida que avanza, no resuelve los misterios: los amplía. Ésa es su mejor contribución. Por un lado, su conocimiento de la realidad nos permite manipularla mejor, y eso, en principio, no es nada malo. Pero, por otro, nos induce a pensar que describir y manipular la realidad es lo mismo que explicarla o comprenderla. Descubrir que la materia está compuesta de átomos y partículas es una descripción de uno de los niveles de organización y funcionamiento de la energía, pero no explica la existencia de la energía misma. Aquí es donde la ciencia se colapsa: al intentar dar una razón, un sentido y un porqué a la existencia del mundo y todo lo que hay en él, visible e invisible. Puede describir y analizar, nunca dar una explicación última. Pero resulta que esa explicación le interesa a casi todo el mundo. ¿Es una inquietud estúpida? No, por supuesto. Lo equivocado es la respuesta, la respuesta simplista, la que acaba, más que explicando, anulando la pregunta: Dios, la materia, el azar, la teoría de las supercuerdas, el big bang, la reencarnación, los extraterrestres.

Así que ni creer ni no creer. Otra cosa. Ser conscientes. Saber lo que sabemos y lo que no sabemos. Saber lo que podemos llegar a saber y lo que nunca podremos llegar a saber ni conocer. Por ejemplo, qué hay después de la muerte. A qué quedamos reducidos.
El cuerpo desaparece inevitable, absolutamente. La mente parece que también. ¿Y la conciencia? Unos dicen que pervivimos y nos trasladamos en forma de almas al cielo, el paraíso o el infierno, y ahí nos quedamos por toda la eternidad; otros creen que la conciencia se disuelve en una energía o conciencia universal (Dios, la luz, el mar oscuro de la conciencia); otros que algo de nosotros vaga por ahí hasta encontrar otro cuerpo en que reencarnarse; otros que depende de a qué quedemos “enganchados” al morir, casi siempre a obsesiones y asuntos no resueltos (el infierno particular); otros que podemos mantener nuestra individualidad consciente, alcanzar la libertad total y navegar por el infinito; otros que desaparecemos por completo al morir, sin dejar rastro, aunque muramos con las botas puestas.

Lo cierto es que morimos. Seguro. Todos. Nacer y morir son las únicas certezas absolutas. Pero en medio, en esa interfaz de la vida, tenemos una maravillosa posibilidad: la de darnos cuenta, la de tomar conciencia de lo que somos y de cómo es el mundo por el que vagamos. Acrecentar esa conciencia y gozar con el deslumbramiento y la belleza que nos proporciona su visión. Asombrados y expectantes. Y como la conciencia es, por su propia naturaleza, creativa, expansiva y copulativa, pues entregarnos a la creación y el disfrute en cualquiera de sus formas: arte, literatura, poesía, música, teatro, danza, cine, investigación, ciencia; pero también amistad, diálogo, encuentro, ayuda. Hasta política.

martes, 19 de febrero de 2008

TEORÍA DE LOS TRES MUNDOS (III)

(Foto: PortfolioNatural)



He expuesto anteriormente un esquema trinitario, tripartito o triádico, insistiendo en que somos una totalidad energética, una esfera, una especie de cápsula flotante.
La parte visible, palpable, que ocupa un lugar en el espacio, es el cuerpo.
La mente no es visible, pero está muy ligada al cuerpo físico; podemos comprobar cómo su actividad se inicia y refleja en el sistema nervioso y el cerebro.
La conciencia es ya un estado más intangible e invisible, aunque podemos descubrir sus huellas en la mente y el cuerpo físico.

Podemos suponer que todo emerge de la materia: es una hipótesis bastante racional, en la medida en que, allí donde no hay materia, no se puede constituir un cuerpo vivo. Del organismo vivo podemos suponer que emerge la mente, pues allí donde no hay un cuerpo vivo no podemos afirmar que exista ninguna mente. De la mente, a su vez, puede surgir la conciencia.

Sin embargo, igualmente racional podría ser un proceso contrario: todo emerge de la conciencia. La conciencia hace posible la organización de la materia, el surgimiento de la vida y la aparición de la mente. Como, en definitiva, se trata de distintas vibraciones, estados y formas de organización de una misma energía, tan racional es pensar que la energía va lo físico a lo sutil, como de lo sutil a lo físico.

Observada la energía de cerca, no es más que onda y partícula, y tan pronto actúa como onda que como partícula. La luz es el ejemplo más visible de lo que para nosotros es la energía. No hay nada más sutil que la luz, pero también nada más material o físico: colocada sobre los ojos nos puede llegar a cegar.
Los científicos dicen que también hay, además de materia y energía física, materia oscura y energía oscura, la mayor parte del universo conocido. Son totalmente invisibles, puras conjeturas cuya existencia sólo podemos comprobar indirectamente, a través de los efectos que provoca en el mundo visible o medible de la energía física conocida.

Sin duda, el empirismo nos lleva a dar más credibilidad a la primera hipótesis: está más cerca de nuestra experiencia sensorial. Aceptarla, sin embargo, no resuelve realmente el problema que indagamos y nos preocupa: cómo es posible que la materia física visible sea el origen y final de todo lo que somos. Aquí damos ya un paso hacia la fe, hacia la creencia. Yo prefiero dejar esta hipótesis en lo que es, no transformarla en dogma.

El materialismo como creencia, como fe, como dogma, es tan irracional como su contrario: el espiritualismo, la idea de un Dios como principio y fin de todas las cosas. Debemos encarar el problema, por tanto, desde otro supuesto, otra perspectiva.

domingo, 17 de febrero de 2008

TEORÍA DE LOS TRES MUNDOS (II)


(Foto: PortfolioNatural)


El cuerpo es todo lo que somos.

Somos un cuerpo, porque todo lo que hacemos, pensamos, sentimos y anhelamos se produce, sucede, ocurre en el cuerpo, no en ningún otro lugar.

Todo está en el cuerpo, pero el cuerpo no es sólo huesos y músculos, carne y masa.

El cuerpo es, ante todo, energía: energía compacta, organizada de menos a más, del átomo a la célula, de la célula al órgano, del órgano a esa totalidad cerrada que llamamos cuerpo.

La energía nunca está quieta: es partícula y onda, vibración y movimiento.
Así que el cuerpo es también un flujo electroquímico y magnético en permanente actividad y cambio.

El cuerpo es un organismo vivo. Para sobrevivir, necesita moverse, relacionarse con el mundo exterior. La percepción es la puerta que le permite abrirse y moverse por el mundo. El mundo es todo lo que nos rodea, lo que percibimos y lo que no percibimos. El mundo es también energía. Parte de esa energía es lo que percibimos.

El cuerpo es también mente. La mente es el fruto de la actividad electroquímica del sistema nervioso, especialmente del cerebro. La mente está hecha de imágenes y palabras. La mente nunca está quieta.

El cuerpo es también conciencia. La conciencia es energía sutil, el nivel más intangible e invisible de la energía: partícula y onda, quark, mundo cuántico, vibración, “supercuerda”. La conciencia es energía que se hace consciente de sí misma.

El cuerpo como realidad física, tiene forma, peso, volumen, altura: con ellos construimos nuestra “imagen corporal”. Primer conflicto: lograr una imagen corporal que no nos obsesione ni haga sufrir. Aceptarla. Tratar de conservarla y perfeccionarla siempre. Llegar a estar a gusto con nuestro cuerpo, cuidarlo, respetarlo, escuchar sus mensajes.

El cuerpo como realidad mental es un yo. El yo es una construcción mental. El yo no es todo lo que somos. En el centro de la mente está el yo, pero la mente puede ser algo más que el yo: puede reflexionar, construir ideas, pensamientos y saberes. Segundo conflicto: quedar atrapado en el yo, encerrado en él.

La mente actúa siempre mejor en estado alfa: relajada. Podemos aquietar la mente, acallar su permanente y obsesivo diálogo interno. Permitir que fluyan las imágenes y palabras en busca de asociaciones nuevas.

El cuerpo como realidad consciente es la conciencia. La conciencia es un estado sutil de alerta. La conciencia es un darse cuenta. La conciencia es acecho. Podemos acechar nuestro cuerpo y nuestra mente, darnos cuenta de lo que sucede en nosotros. Tercer conflicto: acrecentar la conciencia, entrar en el sueño lúcido de la conciencia o, por el contrario, vivir adormilados, aletargados, alelados.

Con el cuerpo físico y orgánico percibimos, reaccionamos, sentimos emociones e impulsos.
Con la mente pensamos, construimos imágenes y palabras, interpretamos el mundo, elaboramos saberes o conocimientos.
Con la conciencia sentimos, nos damos cuenta, vemos, atisbamos, anhelamos. La conciencia es un sentir la totalidad que somos.

El mundo está ahí para que lo percibamos, lo pensemos, lo interpretemos y lo sintamos con la totalidad que somos.

(Nota: esta reflexión es teórica, o sea, que no es más que una construcción mental cuyo valor o interés es abstracto, orientativo, estimulador. No pretende describir la realidad “tal cual es”, cosa, en verdad, imposible)

sábado, 16 de febrero de 2008

TEORÍA DE LOS TRES MUNDOS (I)

(Foto: PortfolioNatural)
(Eduardo Fernández me propone que reflexione sobre la “trascendencia” del ser humano en un comentario que reproduzco en esta entrada. No hay nada como el estímulo de los otros para hacernos pensar. Voy a ello, pero necesito antes dar antes un pequeño rodeo discursivo para situar la reflexión en un contexto adecuado)

Vivimos, estamos siempre en tres mundos a la vez: uno exterior (material, espacial y temporal, físico, orgánico, corporal, hecho de impulsos, percepciones, sensaciones, reacciones y emociones); otro interior (mental, psíquico, hecho de pensamientos, palabras, imágenes, interpretaciones, recuerdos, anticipaciones); y otro intermedio (sutil, flotante, etéreo, hecho de intuiciones, visiones, anhelos, “sentires”, dudas y suposiciones).
Nos reconocemos como cuerpo, como mente y como otra cosa a la que, a falta de mejor palabra, podemos llamar inteligencia, espíritu o, como a mí más me gusta, conciencia. Lo que quiero decir es que entre el cuerpo y la mente hay otra cosa, la conciencia, ese darnos cuenta de que el mundo no se acaba en lo que vemos y ni en lo que pensamos, sino en algo que está más allá (o más acá) de nuestros sentidos y nuestra mente.

Vivimos en esos tres mundos paralelos e inseparables a la vez, de manera consciente e inconsciente al mismo tiempo. Por inconsciente no entiendo algo oscuro o inaccesible (esa especie de sótano o almacén freudiano), sino toda actividad automática, corporal y mental, que no necesita de nuestra atención ni de un control voluntario para llevarse a cabo. (Afortunadamente, ni podemos ni necesitamos ser conscientes de todo lo que somos, hacemos y vivimos).

Estos tres mundos se corresponden con el “percibir, pensar y sentir”, tres modalidades de la acción vital. En el cuerpo sucede todo, pero no todo es lo mismo ni se puede reducir a una sola cosa, ya sea química, eléctrica o neurológica. Sí podríamos decir que todo es energía, que todo emana de la misma fuente: energía “compacta” (cuerpo), energía “fluida” (mente) y energía “sutil” (conciencia).

Con el cuerpo percibimos, con la mente pensamos y sabemos, con la conciencia sentimos y conocemos.
El cuerpo siente placer, la mente produce saber y la conciencia, siente el goce y produce el conocimiento.
Cada nivel “contiene” a los otros dos, pero se realiza y manifiesta de modo distinto: como sensación y emoción (el cuerpo), como palabras e imágenes (la mente), como “ver” y “sentir” (la conciencia).

A mí me gusta destacar el nivel consciente de la energía, porque es de lo que menos se habla. Es ahí donde se produce lo que quizás más nos interesa e inquieta, ya que es el terreno del arte y la “trascendencia”.

(Seguiré en otro momento)

viernes, 15 de febrero de 2008

INTERNET Y LA DESFORESTACIÓN DEL PLANETA


(Palomar, Malva, Zamora. Foto: Carlos Guzmán)





El pensamiento divergente y creativo trata de unir realidades alejadas, descubrir relaciones ocultas. Ahora que algunos proponen reforestar nuestra abrupta y árida orografía a 1500 árboles por hora, he sentido la necesidad de ponerme ecologista. No concibo la naturaleza y el paisaje sin árboles, y yo no sería como soy si no hubiera pasado muchas horas de mi vida contemplándolos, tumbado bajo sus hojas y ramas. Junto a los pájaros, son los seres con los que tengo más afinidad, los que me hacen sentir que, afortunadamente, hay algo en el mundo que todavía escapa, aunque a duras penas, del control humano y la “artificialización” de la vida.

Relaciono árboles e internet porque creo que la Red está ayudando a que la desforestación del planeta no sea ya del todo imparable y completa. En la medida en que sustituye al papel, seguramente sirve para evitar o retrasar el desastre final. O a lo peor, no. A lo peor, ese papel ahorrado ha provocado que se gaste aun más en periódicos, libros y propaganda. No logro imaginar las toneladas de metros cúbicos de papel escrito y estampado que no sirven para nada, absolutamente para nada, que se ponen en circulación cada día. Si lo traduzco en árboles decapitados, triturados, hechos polvo y pasta, me lleno de una profunda congoja, nada metafísica.

Así que celebro que, mediante este artilugio, el que ahora uso, se pueda paliar en algo ese empeño destructivo de dimensiones colosales. Al menos no contribuye ni tan directa ni tan denodadamente a la contaminación y destrucción de nuestro mundo, nuestro verdadero mundo, que no es el que construimos destruyéndolo, sino el que dejamos vivir y crecer libremente.

Tres conclusiones: 1) No deberían editarse en papel más que aquellos libros que requirieran “volver sobre ellos”, que exigieran cierta permanencia y accesibilidad física para poder ser leídos y releídos con atención, ya sea por el interés, la belleza o la importancia de su contenido. Los libros, artículos y noticias de “usar y tirar”, pues ésos, con que se pusieran al alcance de cualquiera en internet, bastaría.
2) ¿Por qué a ningún partido le interesa poner a debate las cantidades ingentes de publicaciones basura, establecer un verdadero programa de ahorro, aunque sólo fuera por una razón ecológica?
3) ¿Se convertirá eso de la “reforestación” en un nuevo negocio, plantar árboles para que se sequen y volver así a plantarlos de nuevo? ¿Quién los cuidaría y regaría, ahora que la naturaleza ya no puede hacerlo? ¿Plantar otra vez pinos, eucaliptos o chopos canadienses? ¿Les interesarán los robles, encinas, alcornoques, abedules, fresnos, olmos, zarzales, piornos o juncos? ¡Si al menos no los destruyeran para “plantar” urbanizaciones!

jueves, 14 de febrero de 2008

AFORISMOS, PENSAMIENTOS, MÁXIMAS Y MÍNIMAS (I)

(Palomar, Valderas. Foto: Carlos Guzmán)


Ver es mirar despacio, sin prisa, sin tiempo.
Para ver, hay que parar el tiempo.
Ver es parar el tiempo.
Parar el tiempo es parar el mundo.
Para ver el mundo, hay que pararlo.

El arte y la belleza están en el sentido.
En los sentidos, lo sentido y el sentido.
En lo que se percibe, lo que se siente y lo que se piensa.
Tres cosas distintas y una sola verdadera.
La unión, la fusión entre percibir, sentir y pensar.
La cultura, el arte, “es un mecanismo de control emocional que pone nombre y significado a lo que sentimos” (Clifford Geertz).


Ver, sentir, pensar, y olvidarse de sí mismo.
Porque la creación y la experiencia artística es subjetiva, pero el arte, objetivo.
El artista subjetivo no es, a nuestros ojos, más que un mal artista, y exigimos, en toda manifestación artística y en todos los grados del arte, ante todo, y en primer lugar, la victoria sobre lo subjetivo”.
(F. Nietzsche)
Lo personal es una limitación, incluso un vacío del arte. Un arte que sea únicamente, o fundamentalmente, personal, merece ser tratado como una neurosis.
Es evidente que el artista ha de ser explicado a partir de su arte y no por las insuficiencias de su naturaleza o por sus conflictos personales
”.
(K. Jung)

miércoles, 13 de febrero de 2008

¿TODO ES POLÍTICA EN LA VIDA? (II)


La política no es otra cosa (no debiera ser) que un medio para organizar democráticamente el poder del estado, y el poder del estado no debería ser otra cosa que la capacidad para organizar y procurar democráticamente el bien común. Un ámbito amplio, pero limitado. Fuera de la política queda (debiera quedar) gran parte de la vida social, y casi toda la individual.
Quizás fuera hoy necesario iniciar la separación entre política y vida, lo mismo que en otro tiempo se estableció la separación entre religión y estado (aunque todavía este proceso esté inconcluso). La religión puede ser para unos el centro de la vida, pero no se puede pretender que todos los demás hagan lo mismo. En esencia, la religión es un asunto individual, aunque pueda dar lugar a manifestaciones y organizaciones colectivas. Lo mismo debiera pasar con la política: no debiera aspirar a convertirse en el centro de nuestra vida, por más que algunos no puedan vivir sin ella.

Cuando la política sobrepasa su función, se convierte en ideología, o sea, se vuelve esencialmente una creencia, y todas las creencias son, por su propia naturaleza, irracionales. Una ideología es un conjunto de ideas y creencias que aspiran a la totalidad, a explicar, ordenar y determinar toda nuestra vida, sobre todo nuestras emociones y sentimientos. Como vivimos en un país políticamente inmaduro y democráticamente frágil, la política adopta formas de guerra civil simbólica, llena de una violencia verbal extrema, emocionalmente compulsiva. Nuestra lengua se presta demasiado bien a ese juego peligroso de rozar siempre el límite del insulto, la parodia, el desprecio, el odio y la cólera. Lo malo de todo ello es que este modo convulso, ciego e insultante con que nos dirigimos los unos contra los otros amparándonos en la política, acaba contaminándolo casi todo, absorbiendo una enorme cantidad de energía individual y colectiva que debiera emplearse en algo mucho más importante: en vivir cada uno y todos mejor, más tranquilos, más abiertos al mundo y a los demás, no por ningún motivo filantrópico, sino por pura curiosidad y deseos de gozar y disfrutar.

Pues no, no todo es política en la vida. Si no cayéramos en la trampa de juzgar a los demás prioritaria y casi exclusivamente en términos polémicos (de pólemos, guerra), de coincidencia o discrepancia política, otro gallo cantaría todas las mañanas en nuestra ventana y en la del vecino. Politizar todo, hasta la poesía, es un horror y un error.

Cuanto digo no tiene nada que ver, claro está, si no todo lo contrario, con despreciar la política y los políticos. Ese rechazo visceral y primitivo de los políticos, todos caprichosamente igualados en lo peor, es otra cara de lo mismo: el llevar la política a donde la política ni llega ni debiera nunca llegar.

¿TODO ES POLÍTICA EN LA VIDA? (I)

(Foto: PortfolioNatural)
Oímos con frecuencia que todo es política en la vida, ya que “la política está en todo”. El argumento de que la política influye en todo parece irrebatible. De aquí deducimos que nadie puede ser “apolítico”, por más que lo intente o proclame. Al no definirse, al no querer tomar partido, ya está uno, inevitablemente, tomando partido, con independencia de que uno vote, no vote o se abstenga. Esto es, sin duda, cierto. Las decisiones políticas acaban afectando a todos y a todo, por más que uno trate de inhibirse, dejar de lado o rechazar la intrusión de la política en la vida.

Pero esta verdad encierra graves y fatales errores. ¿Por qué? Porque es reduccionista, porque se utiliza para llevar a cabo una generalización falsa. Bastará afirmar que, si la política influye en todo, también lo hacen otras muchas cosas. Por ejemplo, el precio del petróleo, o el cine, la publicidad, el dinero, el cambio climático o el sol. O el trabajo que uno tiene, o la compañía, o los padres, o la edad. El que algo influya en algo o en alguien, como vemos, no es suficiente para concluir que, por tanto, influye decisivamente en todo. Las influencias son determinaciones, condiciones o condicionantes, pero no causas de los hechos. Para convertirse en causa, la condición ha de ser necesaria y suficiente. Muy pocas condiciones alcanzan esta condición.

La generalización y “absolutización” de la política, como si necesariamente tuviera que estar presente en todo lo que hacemos y pensamos, obligándonos a tomar partido constantemente, es fruto de la ideologización de la política, o sea, el haber convertido a la política en una idea totalitaria, abarcadora de la totalidad. Incluso en el caso de que le otorguemos arbitrariamente a la política el valor de ser “la última condición”, o la “condición inicial”, el atribuirle ese valor absoluto es equivocado.

Este modo de pensar, politizándolo todo, trae consecuencias nefastas, pervierte y mediatiza nuestro trato diario con el mundo y los demás. La política tiende a la dicotomización de todo, a dividir el mundo en buenos y malos (nosotros, por su puesto, siempre del lado de los buenos), a juzgar todo con criterios ideológicos excluyentes, a tomar actitudes de aprobación o rechazo generalizado. Como la religión (a la que en parte sustituye) necesita del dogma, de la creencia, de la adhesión inquebrantable. Necesita fieles y seguidores.

domingo, 10 de febrero de 2008

FALTAS DE ORTOGRAFÍA


Soy profesor de Lengua y Literatura y escribo con frecuencia. Sin embargo, ya he cometido dos faltas de ortografía notorias en la escritura de este bloc, que me han sido advertidas oportunamente por dos amigos en sus comentarios. ¿Por qué ha ocurrido?, me pregunto.

Veamos. La primera fue “coartada”, escrita con una “h” intercalada intrusa. Yo creo que el error, en mi caso, se ha producido por la interferencia de “cohabitación” y “cohorte”. También, por cierta tendencia a la “sobrearticulación” de las sílabas y vocales (propio de profesores de Lengua), marcando su diferenciación y tratando de evitar un diptongo inexistente. Algo parecido, creo, me ha sucedido con “obnubilación”, escrita con una “v” inoportuna. Aquí no he caído en la cuenta, para salir de la duda, de que la palabra proviene de “nube”, como bien me advirtió Esteban Martínez, y yo no dudo sobre esta “b”, ya que cada año repito a mis alumnos que es fácil recordar que las nubes van por el cielo, por lo alto, así que se escribe con “be alta” (o “uve alta”, ya sea que nos fijemos en el fonema /b/ o en la letra v). La “v” se coló también, creo, porque su pronunciación es más fricativa que oclusiva, al estar entre dos vocales débiles, /u-i/. Sabemos que este rasgo articulatorio ya no sirve para diferenciar semánticamente las palabras, por lo que los lingüistas hablan acertadamente de un solo fonema /b/ en el caso del español. Quizás hubiera que tener en cuenta también la estadística, o sea, la mayor o menor frecuencia de palabras terminadas en “b/vilación”. No sé, pero me parece que es mayor la terminación “-vilación” que “-bilación”. Quizás alguno se entretenga en comprobarlo y nos saque de dudas.

Estas reflexiones más o menos intuitivas me llevan a una conclusión: las faltas de ortografía no se cometen porque sí, sobre todo en el caso de los que estamos acostumbrados a escribir, sino que responden a algún motivo más o menos oculto, entre los que cabe suponer que se encuentren también resortes “inconscientes” o de indagación psicoanalítica, más o menos sorprendentes o perturbadores. Lo importante, en cualquier modo, es descubrir lo que hay detrás del error. De todo puede aprender uno, incluso a ser humilde, porque yo creo que todos “cometemos” faltas de ortografía. Bastaría recordar el nombre de grandes y hasta inmensos escritores que escribían con llamativas faltas de ortografía.

Una penúltima consideración: ¿se han fijado en lo anatematizados que están estos errores? Primero, se convierten en “faltas”, sinónimo aquí, no de signos gráficos ausentes, sino de delitos, de pecados. Por eso “se cometen”, no se producen o suceden. Nada de extraño que hasta hace poco trataran de corregirse mediante castigos (“copia esa palabra cien veces”, por ejemplo). Todos conocemos el sentimiento de vergüenza y culpabilidad aprendido en la escuela al “cometer faltas de ortografía”. De ahí que se den casos de verdadero “estrés ortográfico”, de ansiedad asociada a la escritura (exámenes, dictados, cartas, escritos…), lo que provoca que se produzcan más fallos ortográficos de lo normal.

Y la última: la tendencia creciente al descuido ortográfico, sobre todo en Internet, creo que es perjudicial y no seré yo quien la defienda. Por el contrario, Internet debería convertirse en una escuela de buena escritura (en todos los sentidos). No hay por qué degradar el medio. La arbitrariedad ortográfica, el desorden gráfico, obliga, en realidad, a un mayor esfuerzo visual y atencional, provocando más errores de interpretación y asimilación. Cierta sensación de limpieza, de fijeza, fluidez y armonía gráfica ayudan a todo: a prestar más atención, interés y gusto por la perfección. Otra cosa el la ley de la economía, que rige en todo lo referido al lenguaje, y es lo que origina en los chat y mensajes por el móvil esa escritura apocopada o sintética, tan arbitraria como creativa.

sábado, 9 de febrero de 2008

CUANDO SE DESPERTÓ...


(Foto: PortfolioNautral)
Como parece que esa parodia del microrrelato de Monterroso ha gustado, propongo un juego: continuarlo. Así que me comprometo a colocar los textos que cualquiera me envíe del mismo estilo y estructura, debajo de los que ahora invento a vuela tecla, con el nombre, alias o seudónimo del autor entre paréntesis. Puede empezar de otro modo: "Cuando se durmió, cuando se enamoró, cuando amaneció, cuando..."

Cuando se despertó, la gallina cojeaba.
Cuando se despertó, el gallo cantó tres veces.
Cuando se despertó, Judas Iscariote ya se había ahorcado.
Cuando se despertó, Gregorio Samsa era un dinosaurio.

Cuando se anamoró, los gallos querían crevar albores.
Cuando se enamoró, las estrellas tiritaban de frío.
Cuando se enamoró, tenía que ir a trabajar.

Escribir a lo tonto, a veces no es hacer el tonto del todo. Lo difícil, claro, es saber luego depurar, no confundir la mera ocurrencia o la diversión con la genialidad.
Cuando se durmió soñó que estaba desierto.
Cuando despertó vio que estaba dormido
(Marián)
Y dormido abrió los ojos.
Y se enamoró.
Y estuvo soñando eternamente.
(Silberia)
Cuando se durmió, el dinosaurio soñó un bípedo.
(Pedro López)
Abrió por fin la puerta. No había nada ni nadie a otro lado. Sólo así supo que había llegado al fin del mundo. Se sintió aliviado.
(Esteban Martínez)
El ñandú, dijo ñu.
(Nome Digas)
Cuando se derpertó,las calles todavía no habían sido extendidas sobre la cama de la tierra; el dinosaurio había matado al hacedor de vías urbanas.
(Salvador Moreno)

jueves, 7 de febrero de 2008

VISIÓN DEL AHORCADO

(Foto: PortfolioNatural)
Con este cuentito quedé finalista en no sé qué premio. En el texto debía aparecer como fuera la palabra “té”. Se verá que he respetado la versión premiada, aunque sea un poco distinta de la definitiva. Me regalaron un juego de té de porcelana de La Cartuja.


Plantó un olivo, lo regó. Durante años, lo cuidó y podó sus ramas. Una tarde, cuando comprobó que una de ellas podía soportar su peso, se colgó, se ahorcó. “Es la agonía de la luz”, dijo, dejándose cegar por el sol que desaparecía en el horizonte. Un pájaro cayó fulminado sobre el surco.
La brisa del atardecer balanceaba su cuerpo. Fue un niño quien primero lo descubrió: “El abuelo está colgado de un olivo”, corrió gritando. Y la abuela, que tomaba un té con menta, bueno para la tos: “Calla, niño, no puede ser. ¿No ves esas mariposas blancas revoloteando? Sube y verás cómo duerme en su cama”.
Pero cuando subió, el niño sólo vio cómo las polillas chocaban contra la bombilla y caían abrasadas sobre la colcha.

Esto de los microcuentos se ha puesto de moda. Me gustan los cuentos breves, incluso brevísimos. ¡Pero qué difícil encontrar alguno! Todos invocan esa ocurrencia de Monterroso para legitimar las suyas. Yo propongo una:

Cuando se levantó, la gallina cojeaba.

EL ÉXITO LITERARIO (II)



Cuando el autor se pone por encima de la obra, toda creatividad entra en un imparable declive. Cuando la atención se centra en sí mismo, y no en lo que escribe, el autor se pierde. Cuando la preocupación mayor es alcanzar el éxito literario, desaparece el sentido crítico y se nubla la lengua: se farfulla, se bobaliconea, se obnubila el sentido, se escriben tonterías, banalidades (obsérvese la cantidad abrumadora de obras en que los autores sólo hablan de sí mismos). Y lo peor: se cree uno el centro del mundo, genio, figura, deidad. Distinto, único, por encima de la chusma, los demás, especialmente los demás escritores. Caer en la trampa del éxito es condenarse al abrojo, el rastrojo, el despojo, entrar en un proceso irreversible de estupidización y bulimia creativa. Conozco a algunos, desesperados porque su creatividad parece definitivamente agotada, por más que acaben publicando libros y libros a la desesperada.

La impostura. Todos descubrimos de inmediato la impostura, pero no le hacemos caso. Nos dejamos arrastrar por la fama, el prestigio, la imagen, el ambiente. Nos dejamos inducir. A veces dudamos, perplejos. Es el primer paso: no fiarnos de lo que viene de fuera, sino de lo que sucede dentro, en nuestro cuerpo, en las reacciones más inmediatas de nuestro cuerpo. Prestar atención al sentir. Aceptar que otros aprecien y ensalcen lo que a uno no le gusta, “lo que se lleva” (como si existiera algo parecido), que suele coincidir con "lo que se vende" o "de lo que se habla", pero no por ello transigir con el engaño y la engañifa.

Aprecia a los que ponen objeciones a lo que escribes. Presta mucha atención a cómo los demás se sienten y reaccionan ante lo que escribes. Céntrate en las palabras, el ritmo, la sonoridad, las ideas que cada frase alumbra, el destello y la vibración emocional que provoca. No leas nada que no te haga sentir algo nuevo, pensar algo nuevo, o lo mismo pero de manera distinta. Ésta puede ser una buena vía para alcanzar tu éxito, el de ti mismo, que no será otro que el construir una obra que sea algo más que tú, que valga por sí misma, y no por las lentejuelas y oropeles con que la encubras.

EL ÉXITO LITERARIO (I)

(Foto: PortfolioNatural)

¿En qué consiste el éxito literario?
Para muchos, en ser conocido y reconocido, y con ello ganar mucho dinero. Que su nombre “suene” y “resuene” en los círculos literarios y mediáticos. Ser famoso o conocido, al menos, entre los escritores, editores, críticos y lectores asiduos. No que su obra sea conocida, leída, valorada o admirada, sino que él, ella, su nombre y persona, lo sean. ¿Y cómo medir esa fama, ese ser conocido y reconocido? Pues a través de los medios de comunicación (medios, aunque cada día sean más cuartos, cuartos menguantes y cuartos trasteros). Si sale en televisión, habla en la radio, escribe en los periódicos y revistas, y si esos medios lo entrevistan y hablan suficientemente de él o ella, pues entonces se considera que ese autor-a ha alcanzado el éxito.

También se mide el éxito literario por kilos de libros vendidos, premios recibidos, la capacidad de control sobre los “medios”, la red de influencias en la que se instala, los saraos a los que se le invita, conferencias que da, las reverencias y halagos que recibe; por el poder, en definitiva. “Llegar a la cumbre”, “cubrirse de gloria”. El Poder y la Pasta: dominio sobre los otros (ésa es la esencia del poder) y dinero contante y sonante (dominio sobre el mundo).

¿Y la obra, lo que escribe, dónde queda?
Para alcanzar este tipo de éxito literario no hace falta escribir obras buenas, ni excelentes, ni siquiera mediocres. Basta con escribirlas (a veces, con que te las escriban) y dedicar mucho tiempo, descaro y determinación a promocionarse. Para esto no vale cualquiera. No quiero decir que todo éxito literario (reconocimiento público, venta de libros y prestigio), se pueda reducir a este esquema simplificado. No, afortunadamente. Todavía hay escritores con prestigio merecido y no inventado, premios honestos, autores apasionados por lo que hacen y no obsesionados por su imagen pública y la fama. Pero me refiero al modelo, al esquema imaginario, a la idea dominante, ésa que se instala en la cabeza de la mayoría, incluidos los que empiezan a escribir y aspiran al éxito.

El yo por encima de la obra. Ser antes conocido que leído. Hacerse un nombre, no crear una obra. Vender una etiqueta, un reclamo, un espejismo. Destacar como sea dentro del mercado publicitario. El libro es el pretexto, el cebo, la coartada. Su contenido, lo de menos. Y para que todo esto funcione, ¿qué hace falta? El consentimiento, la ausencia de espíritu crítico. El amiguismo, la cuadrilla, la manipulación. Que no haya crítica ni debate, que cualquier voz discordante enmudezca. Marginar, hacer invisible a quien no entra en el juego, el juego sucio. Así que prudencia, mucho ojo, astucia, aspirante al éxito...

martes, 5 de febrero de 2008

YO OPINO / YO OCHOPO


(Foto: Santiago Trancón)



Tuve un profesor (marista) al que le gustaba jugar con las palabras. Cuando alguien decía "yo opino...", el respondía: "pues yo ochopo". Con el tiempo he comprendido la gran diferencia entre opinar y pensar. A mí también me gusta más el chopo que el pino. Uno de los del 98 dijo que el chopo era el árbol emblemático de León. Junto al Esla, el Bernesga, el Torío o el Eria, los chopos crecen rectos hacia el azul mientras sus hojas se dejan acariciar por el viento. Son los "álamos de la ribera" machadianos.



Hoy está tan extendido eso de "yo opino", "es mi opinión"..., que he acabado prohibiendo a mis alumnos usar esa expresión. Les obligo a que la sustituyan por "yo pienso". Porque una cosa son las ideas y otra las opiniones. Todas las ideas son opiniones de alguien, o lo fueron en su origen. Pero no todas las opiniones son ideas. Es como los gatos, que todos son felinos, pero no todos los felinos son gatos.



Quien sólo opina, no piensa, sobre todo hoy, en que eso de opinar se ha convertido en un recurso para no pensar, para no responsabilizarse de lo que uno dice y piensa. "Es sólo mi opinión", y con eso se viene a decir todo lo contrario de lo que parece querer decirse. Lejos de ser un gesto de modestia intelectual o mental, es una forma de refugiarse en las propias creencias, defendidas de este modo con el gran argumento de la "libertad de opinión". Por eso, cuando alguien recurre a ese comodín es que está tratando de decirnos que lo que él piensa, es lo más conveniente, que él, en el fondo, tiene razón, incluso que tiene la razón.



Las opiniones son por eso siempre indiscutibles. Si uno las pone "en tela de juicio", pues ofende al opinante, le coarta su libertad de expresión. Están tan ligadas al yo, tan pegadas a la idea que uno tiene de sí mismo, que resultan sagradas. En realidad no son opiniones, sino creencias, ideas que nacen de esquemas mentales muy arraigados, en los que no se puede introducir la duda.



Las ideas, en cambio, son siempre discutibles. Nacen para ser discutidas, cuestionadas. Por eso, pensar es exponerse, al exponer las ideas al juicio y el análisis de los otros. Las ideas se desprenden así del yo, el sujeto se ve obligado a no identificarse con ellas, sino a pensar en ellas.



Pensar es hacer. Opiniar es sólo hablar. Hablar para no salir de sí mismo. Pensar es crear ideas, un intento de salir de sí para comprender el misterio del mundo.
Seguiré otro día.

lunes, 4 de febrero de 2008

¿CASI MIL VISITANTES EN UN DÍA?

(Foto: Santiago Trancón)
Dí a la luz de la Red este bloc a media tarde del pasado dos de febrero. Hoy, día cuatro, a las diez de la mañana, compruebo que hay más de novecientas entradas registradas. ¿Qué significa esto?, me pregunto. Pues no lo sé, me respondo. Supongo, en primer y fundamental lugar, que la curiosidad es uno de los motores de este invento cibernético -casi telepático- al que llamamos internet, palabra que me desconcierta, porque transforma el término "interno", que nos lleva despacio hacia adentro, con un sufijo raro, no de nuestra lengua, que nos lanza hacia afuera. Veo yo en esta analogía morfológica la esencia de este invento: algo que puede llevarnos hacia adentro o lanzarnos hacia afuera. Encontrar el equilibrio de estos dos impulsos, esto es lo difícil. Porque ante tanta información hay que adquirir mucha agilidad, olfato, agudeza de todos los sentidos, para no perder el tiempo viendo tonterías, navegando a la deriva. Descubrir lo que de verdad nos gusta y nos hace pensar, nos da fuerza y vida, no simplemente nos llena la cabeza de basura. Y la basura mental es la más peligrosa. Y basura no es sólo lo que es basura de por sí, sino todo aquello que de verdad no nos interesa y a lo que dedicamos nuestra atención, simplemente llevados por la inercia o la simple atracción de la pantalla de nuestro ordenador. El ordenador, sin necesidad de madarnos nada, ordena nuestra cabeza, desordenándola.

Bueno, pues quiero pensar que este bloc no contribuya a todo eso que critico. La curiosidad, sí, es algo bueno, siempre que no se fagocite y retroalimente a sí misma. Y la técnica, por supuesto. Una técnica a la que debe orientar y dominar el logos para convertirse en tecno-logía, y no como hoy ocurre con frecuencia, en que una técnica sin pensamiento, sin justificación, separada de los verdaderos deseos y necesidades, se nos impone poniéndonos a su servicio. No soy ni tecnofóbico ni tecnólatra. El equilibrio, la armonía: yo ordeno, yo soy quien pongo orden en mi vida. Para ello hay que tener control y pasíón a un tiempo. Impulsos contrarios, pero complementarios y absolutamente necesarios. Me apasiona el mundo, pero soy yo quien controla mi vida. Sea.
¡Y mil gracias a los visitantes!

(P.D. Creo que cualquiera puede pulsar el icono de final del bloc y comprobar las estadísticas de visitas. Un poco complicado, pero igual a alguno le interesa).

sábado, 2 de febrero de 2008

EL ESCÁNDALO DEL II PREMIO VIAJE DEL PARNASO (II)

(Fotos: PortfolioNatural)
El último intento, en esta quijotesca lucha contra la corrupción en los medios literarios, ha sido el hacer pública una carta al Ministro de Cultura para que aplique un “código de buenas prácticas” al uso del dinero público destinado a los premios, publicaciones y actos destinados a promover la creación literaria. Hemos recogido unas doscientas adhesiones, menos de lo esperado. Este hecho es, a su vez, muy significativo. Está claro que casi nadie, entre los escritores más o menos conocidos, ha querido arriesgarse o comprometerse. Así que también por esta vía, una especie de encuesta indirecta, hemos comprobado que la prevención, la cobardía, la resignación o el consentimiento, parecen ser actitudes dominantes entre la “oficialidad” del mundo literario. Pero esto es lo que hay. En cambio, hemos conocido y entrado en contacto con muchos escritores más o menos “invisibles”, pero verdaderos creadores, que aman la poesía y la literatura, pero también la libertad y la crítica, que no transigen con esas prácticas corruptas, que defienden las obras por lo que son y no por lo que aparentan quienes las usan para su lucro personal, para crear redes de poder y control. Gracias a esas personas todavía quedan premios honestos, se editan revistas y blogs literarios en Internet, se establecen foros, tertulias y contactos que relativizan más cada día la importancia de esa hojarasca de los medios oficiales, que sólo parecen destinados a crear falsos prestigios, reconocimientos artificiales y vanidades y banalidades sin fin.

EL ESCÁNDALO DEL II PREMIO VIAJE DEL PARNASO (I)

El 25 de octubre del 2007 se falló el II Premio de Poesía “Viaje del Parnaso” que fue a parar a un libro de Antonio de Villena (portavoz del jurado del año anterior) que presuntamente no cumplía ninguna de las bases del premio. No era obra inédita, ni estaba acabada, ni era poesía, ni se sabe cuándo ni cómo entregó el manuscrito el autor, ni quiénes compusieron el jurado, ni los méritos literarios que motivaron el fallo. Los tres finalistas denunciamos el hecho ante el Ayuntamiento de Valdepeñas y la Caja de Castilla-La Mancha, responsables del Premio, a quienes pedimos reiteradamente información en varios escritos, que no se han dignado ni a contestar. Recurrimos a los servicios jurídicos de la Asociación Colegial de Escritores, que solicitaron aclaración sobre todos los hechos denunciados. La respuesta ha sido, en opinión de esos servicios, nula y absolutamente improcedente. Sólo nos quedaba la vía del contencioso-administrativo, un recurso largo (más de tres años), al que ningún abogado consultado nos animó, dado lo improbable de un fallo favorable. Como último recurso legal, hemos denunciado todas las irregularidades ante el Defensor del Pueblo, que ha aceptado nuestra reclamación y ha iniciado los trámites que le corresponden ante el Ayuntamiento de Valdepeñas, al considerar que se han vulnerado nuestros derechos. Mayor éxito ha tenido nuestra denuncia en los medios de difusión, en la revista LEER y sobre todo en Internet. Cientos de páginas y blogs se han hecho eco de la noticia de forma destacada, como puede comprobar cualquiera navegando por la Red. La difusión del escándalo ha llegado a todos los interesados en temas literarios, poetas, escritores y periodistas. Sin embargo, ningún medio escrito, salvo el PÚBLICO (una foto), El Mundo-la Crónica de León y los periódicos de Ciudad Real, han dedicado una línea al tema. El silencio ha sido “clamoroso”, y dice mucho más sobre la trama de intereses y compadreos del mundo cultural que lo que nuestra denuncia ha puesto de relieve. Una prueba elocuente de la falta de libertad informativa, de opinión y de crítica. Nuestra democracia llega hasta donde llega la larga mano (mafiosa) de los intereses particulares. A esto hemos de llamarle corrupción, porque, además, no sería posible sin el consentimiento de muchos, empezando por la casi totalidad de las instituciones públicas que de modo directo e indirecto apoyan a la cultura.

viernes, 1 de febrero de 2008

TRES POEMAS




Los tres poemas que van a continuación pertenecen, el primero y el tercero, a mi libro De la naturaleza del olvido (Diputación de León, 1989) y el segundo a Desvelos de la luz (Huerga y Fierro, 2008).
(Foto: Santiago Trancón)









1
Suave la brisa quiebra
el espejo del agua donde
los chopos, inclinados,
se miran.

Ansiosos, beben la luz
fugitiva, en el remanso,
los pájaros del alba.

2
El granito cubre su rugosa piel y sobre su manto
crecen largas amapolas, frágiles copas que recogen
el rubor del viento.
El suave zumbido de las libélulas roza el agua,
bebe la transparencia y va al encuentro de otras alas.
Es la hora intemporal del mundo,
un destello de quietud
enhebrando los anillos del tiempo.
3

Mientras la mano, húmeda llama,
murmullo de piedra, recorre los frágiles
hombros, cae la dorada
certidumbre que recubre los pechos,
plenitud de hojas esparcidas.
Cae la cruel certeza de un tiempo
surcado de silencios, y es el desorden
el único refugio, más allá
del amor, más allá de la muerte.