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Puedes adquirir el libro enviando un mensaje a huellasjudias@gmail.com

viernes, 24 de junio de 2011

PRESENTACIÓN DE "MEMORIAS DE UN JUDÍO SEFARDÍ" EN MADRID






EL PRÓXIMO DÍA 28 DE JUNIO PRESENTO ESTE LIBRO. ADEMÁS DE INTERVENCIONES Y COLOQUIO HABRÁ UN CONCIERTO DE CIMBAL Y GUITARRA DE MÚSICA SEFARDÍ Y DE FLAMENCO A CARGO DE DAN KOFLER-DINO DEL MONTE.
SERÁ EN LA UNIVERSIDAD SAN PABLO (CEU) en la calle JULIÁN ROMEA 23, de Madrid, A LAS 20:00 h.


domingo, 19 de junio de 2011

MIGUEL DE CERVANTES, UN JUDÍO LEONÉS (II)

(Foto: S. Trancón)

Cervantes dice que “el tiempo descubridor de todas las cosas no se deja ninguna que no saque a la luz del sol aunque esté escondida en los senos de la tierra”. Quizá ese tiempo descubridor esté empezando a sacar a la luz los orígenes de nuestro autor. Sigo a César Brandariz en la exposición de algunos argumentos que avalan mi afirmación de que Miguel de Cervantes fue un escritor leonés de origen judío, a los que añado mi interpretación.

1)Está probado que su año de nacimiento no fue 1547 sino 1549. Así lo afirma su primer biógrafo, Mayáns i Císcar, y el propio Cervantes en el prólogo a las Novelas Ejemplares. La partida de nacimiento de Alcalá de Henares es manifiestamente falsa, y se refiere a otro Cerbantes Cortinas, pariente de nuestro autor, pero no a Miguel de Cervantes Saavedra, que jamás firmó como Cortinas. Si no nació en Alcalá habrá que buscar otro lugar de origen más verosímil. Los contemporáneos no sabían de dónde era. Lope de Vega dice que era de Madrid. Él nunca quiso revelarlo. ¿Por qué lo ocultó?

2)En el Quijote dice Sancho: “Yo he visto a muchos tomar el apellido y alcurnia del lugar donde nacieron, llamándose Pedro de Alcalá, Juan de Úbeda y Diego de Valladolid”. Enuncia aquí la costumbre de tomar el apellido del lugar de origen, especialmente común entre los judíos y conversos. No parece aventurado el suponer que los apellidos Cervantes y Saavedra tengan ese origen, más aún cuando existen “lugares” (aldeas) con ese mismo nombre en las “Montañas de León”, donde Cervantes sitúa el origen de dos personajes “autobiográficos”, el Damon de la Galatea, y el Cautivo de el Quijote. En toda su obra, en cambio, no aparece nada que aluda a su posible origen alcalaíno.

3)En toda su obra, y no sólo en el Quijote, las referencias a la vegetación, los animales, el paisaje, instrumentos musicales, costumbres, personajes y lugares, están más relacionadas con la zona del Noroeste que con cualquier otra. Así se habla no sólo de espesos bosques de encinas y robles, sino de hayas, castaños, acebos, alcornoques, tejos, prados, riscos, peñas, sierras, valles, cascadas, fuentes, arroyos, truchas, majadas, cabreros, pastores, arrieros, peregrinos, zanfonas, rabeles, gaitas zamoranas, bueyes y jacas galicianas, mastines, etc. Parece raro que nunca se quejen Sancho ni don Quijote del calor ni de la sed, ni de la falta de pasto para sus caballerías. Todo esto encaja más en la zona de las Montañas de León. La Mancha cervantina se parece más a los Campos Góticos (la Tierra de Campos) que a cualquier otro paisaje.

4)Cervantes, sin embargo, quiso poner nombres concretos de la Mancha a los lugares por donde puso a caminar a don Quijote. Quiso hacerle, por tanto, y de algún modo, manchego. Esto es innegable, así que no vamos a discutirlo. De hecho, literariamente la figura de don Quijote y Sancho estarán para siempre ligadas al tópico del desolado paisaje manchego. Esta imagen, sin embargo, no deja de ser reduccionista y choca a cada paso con la propia narración. Hemos de aceptar que Cervantes utilizó las referencias manchegas por dos razones: una, para dar verosimilitud a su historia; otra, para encubrir los lugares reales en los que se inspiró para crear su ficción literaria. La Mancha, por tanto, es un espacio literario, más que real: es el espacio ficticio, el de los personajes de ficción. Los espacios encubiertos son, en cambio, los espacios reales en los que vivió y conoció Cervantes, ligados a su origen. Esto es coherente con su actitud precavida general (propia de un converso), empezando por el famoso “no quiero acordarme”, equivalente a “no voy a revelarlo”. Juega, por tanto, a borrar huellas, a despistar dando falsas pistas. Añadamos que gracias a esto, Cervantes exploró e inventó una serie de recursos literarios que de otro modo jamás se le hubieran seguramente ocurrido. Por eso digo que la genialidad del escritor está ligada a su condición de judío converso, y precisamente en un momento el que la Inquisición alcanzó su mayor poder de control y vigilancia sobre cuerpos, almas y haciendas.




domingo, 12 de junio de 2011

MIGUEL DE CERVANTES, UN JUDÍO LEONÉS (I)

(Foto: Manuel Lemos)


Hace ya muchos años, en una publicación de la Casa de León en Madrid, escribí la crónica de un viaje por los Ancares. Conté allí que, al pasar por el pueblo de Cervantes tuve la sospecha de que Miguel de Cervantes era oriundo de esa aldea, donde descubrí, en su cementerio, el apellido Saavedra. Entonces no había leído nada sobre esa posibilidad, pero me acordaba de las palabras del Cautivo en el Quijote: “En las Montañas de León tuvo principio mi linaje…” También afirmé entonces que lo que se hablaba por esa zona de los Ancares, no era el gallego, como todos afirman, sino una variante del antiguo leonés. Yo había vivido en Galicia, en Tuy, y también en un pueblecito de los Ancares, Prado de Paradiña, y notaba claras diferencias entre el habla de las aldeas de Pontevedra y lo que oía en el Bierzo.

El otro día, firmando en la Feria del Libro, estaba a mi lado César Brandariz firmando El hombre que “hablaba difícil”. ¿Quién era realmente Cervantes? Me lo llevé a casa y enseguida lo leí.

El libro viene a profundizar sobre lo que ya otros autores habían anunciado desde principios del siglo XX, a los que nadie ha hecho caso: que la partida encontrada en Alcalá de Henares a mediados del XVIII (además de estar manipulada) no era la de Cervantes, y que su origen había que buscarlo en Sanabria, en el pueblo de Cervantes. Manuel Ramos en los años 60 y Hermenegildo Fuentes y Leandro Rodríguez en los 70 siguieron esta pista y escribieron libros interesantes, pero a los que la falta de rigor académico ha perjudicado. César Brandariz es más objetivo y nos aporta en este libro un cúmulo de datos que ya hacen insostenible la idea de un Cervantes alcalaíno y un don Quijote manchego.

Son tan abrumadoras las evidencias sobre el origen judeoconverso de Cervantes y que su lugar de origen está en Las Montañas de León, que, más pronto que tarde, nadie se atreverá a refutarlas. ¿Necesitaremos que un estudioso alemán o americano publique un libro con esta tesis, para aceptarlo?

Los cervantistas y académicos han montado una red de intereses tan profunda, con ramificaciones políticas y turísticas tan poderosas y arraigadas, que cualquier cuestionamiento del dogma despierta una resistencia casi unánime. Ante la imposibilidad de refutar datos y argumentos, la mayoría ha optado por el silencio o los comentarios despectivos. Sin embargo, la verdad acabará imponiéndose.

Está casi probado que, en efecto, Cervantes nació en el pueblo sanabrés de Cervantes o en el otro Cervantes, el de los Ancares, de donde toma también su segundo apellido, Saavedra. Ambos Cervantes están en Las Montañas de León, un espacio geográfico llamado así por pertenecer al antiguo Reino de León, que va de Sanabria a los Ancares, pasando por la Cabrera y el Teleno.

No es sólo este origen lo que me permite consNegritaiderar a Miguel de Cervantes como un autor leonés. Creo que también lo es por el uso particular que hace del lenguaje (lleno de leonesismos, que se confunden con arcaísmos), por el ritmo de su prosa (cercana a la sintaxis y ritmos de las hablas de las Montañas de León) por el paisaje que traslada a sus novelas (nada manchego o estepario), por las modalidades fonéticas que revelan su escritura y grafías (la “x” o la “ç”, por ejemplo), por el tipo de humor (ingenio, agudeza, malicia y socarronería), por multitud de referencias a la vida rural montañesa (carros chirriantes tirados por bueyes, pastores, instrumentos musicales, nombres y apellidos, vegetación, fauna…), etc.

Ya he defendido en este bloc el origen judeoconverso de Cervantes. Ahora argumento su origen leonés. Hablo de León como un referente histórico-geográfico que correspondería más al antiguo Reino de León que a la actual provincia. Y digo que la literatura cervantina tiene mucho que ver con estas Tierras del Noroeste, con el carácter de refugio, acogida e integración de los diversos pueblos, culturas y lenguas que en este espacio confluyen: Asturias, Galicia, Portugal y Castilla.

Cervantes es el fruto de esa confluencia e integración. Las fronteras lingüísticas y culturales se diluyen en León para hacer surgir eso que podemos llamar “lo leonés”.