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lunes, 26 de diciembre de 2011

jueves, 22 de diciembre de 2011

LA TERCERA REALIDAD

(Foto: P. Rodríguez. Casa de Campo, Madrid)

Hace tres años, cuando comencé este bloc, reflexioné sobre lo que llamé la TEORÍA DE LOS TRES MUNDOS: el mundo de la materia, el de la mente y el de la conciencia (el lector puede encontrar cuatro entradas sobre este tema). También he escrito sobre de la literatura y el arte como un fenómeno que se sitúa entre la realidad y la ficción, tema al que dediqué especial atención en mi libro TEORÍA DEL TEATRO. Quisiera enunciar ahora mi teoría de las tres literaturas o modalidades de REALIDAD LITERARIA.

Es evidente que me gustan las estructuras basadas en el número tres, el número cabalístico por excelencia: síntesis de contrarios, triángulo equilátero, trinidad, equilibrio dinámico…

La Literatura 1, para entendernos, es aquella que construye un mundo lo más cercano al mundo de la vida cotidiana, a lo que solemos llamar realidad. Cabe dentro de esta primera clasificación la literatura realista, de testimonio, de compromiso, de denuncia, objetiva, periodística, de investigación. Su mayor valor es mostrarnos o darnos a conocer una realidad desconocida que nos interesa o concierne. Nace de la observación y la acumulación de datos. Se juzga ante todo por su contenido de verdad y la capacidad de recrearla y transmitirla.

La Literatura 2 se desentiende más o menos de la realidad cotidiana, objetiva e histórica y trata de construir un mundo mental autónomo. Nace de la imaginación y la fantasía. Se juzga por su verosimilitud y su capacidad de seducción y transmisión de un mundo de ficción emocionalmente atractivo. Dentro de esta clasificación podríamos situar a la literatura fantástica, de evasión, de aventuras, de ciencia ficción, etc.

Naturalmente, estas dos literaturas se pueden mezclar en grados y proporciones distintas, como es caso de la llamada novela histórica o la novela negra.

La modalidad que llamo Literatura 3 es algo distinto, pues pretende construir una realidad ontológicamente nueva o distinta. Es una literatura que no se limita a imitar o reproducir la realidad observable o cotidiana, pero tampoco trata de inventar una realidad puramente ficticia, más o menos imaginaria o irreal. Su objetivo no es el transmitir ninguna verdad objetiva, pero tampoco el sumergirnos en un mundo de fantasía y evasión. Crea mundos verosímiles y verdaderos a la vez, pero exige al lector despegarse por igual de la realidad y de la fantasía para comprender la verdad que encierra. No encuentro mejor manera de explicarlo que acudiendo al Quijote, a la realidad literaria nueva que esta obra crea y desvela.

Don Quijote y Sancho, ¿en qué realidad viven? No simplemente en un mundo de ficción, como les ocurre a los personajes de las novelas de caballerías o de aventuras. Tampoco en el de la realidad más o menos objetiva de los personajes de la novela picaresca, que entonces se inventa. No viven ni en la realidad literaria 1 (novela realista), ni en la realidad literaria 2 (novela imaginaria), sino en lo que Luis Rosales llama tercera realidad. Se comportan como personajes reales, conscientes y dueños de sí mismos. Pueden estar dentro y fuera de la ficción; saben que se ha escrito un libro sobre ellos, que su vida corre de boca en boca gracias a sus lectores. La publicación del libro es un hecho real y reales son sus lectores, ¿cómo no van a serlo ellos?

Gracias al libro toman conciencia de sí mismos; tanto es así que pueden obrar en consecuencia y cambiar el rumbo de sus correrías (no irán a Zaragoza, sino a Barcelona) para demostrar a Álvaro Tarfe –un personaje del libro “apócrifo” de Avellaneda– que el don Quijote de ese libro es un “don Quijote fantástico”, usurpador de su nombre y pensamientos, no el verdadero. Así debe declararlo Álvaro Tarfe ante el alcalde del lugar para que levante acta.

Cervantes otorga a los personajes una realidad ontológica que salta de la literatura a la realidad extraliteraria. Son personajes que actúan con conciencia propia, por encima del autor. La conciencia, nos viene a decir, es el mayor atributo de la vida, y la vida, o es real, o no es vida. Así que son mucho más que personajes de ficción: son seres que viven en la tercera realidad, una realidad que por un lado es tan real como la de la vida ordinaria o cotidiana, pero también, por otro, mucho más real, atractiva y fascinante que la realidad inventada o puramente imaginaria.

Simplificando, y relacionándolo con mi Teoría de los Tres Mundos, yo diría que la Literatura 1 se centra en el Mundo 1 (el de la materia y la primera percepción de los sentidos); la Literatura 2 en el Mundo 2 de la mente (las construcciones imaginarias del cerebro y el yo); y la Literatura 3 en el Mundo 3 de la conciencia (la percepción no ordinaria, el conocimiento silencioso).

No necesitaré decir que la literatura que más me interesa es aquella que nos ayuda a construir y sostener la TERCERA REALIDAD, la realidad de la conciencia. La que nos hace sentir más reales y presentes, superando los límites de la percepción ordinaria, y liberándonos de la absorción en la realidad puramente virtual de la mente.

domingo, 11 de diciembre de 2011

ELOGIO DEL LIBRO Y FELIZ JANUCÁ

La Navidad cristiana coincide este año con la fiesta judía de Janucá, una fiesta que conmemora la victoria de los macabeos contra los griegos, que habían profanado el Templo de Salomón erigiendo en él un altar en el que se sacrificaban cerdos en honor de Zeus. Los judíos encendieron enseguida una lámpara para purificarlo y, aunque sólo tenía aceite para iluminar durante un día, la janucá (el candelabro) duró encendida durante ocho días más. Coinciden estas fechas con el solsticio de invierno y la recogida de la aceituna (de donde proviene el aceite que se usa en las januquillas), por lo que la conmemoración de la victoria contra los helenos se une a la celebración del comienzo de un nuevo ciclo solar. El encendido de las luminarias durante ocho días, añadiendo una más cada día, es también un símbolo de la victoria del sol frente a la oscuridad del invierno. Es la Fiesta de las Luces.

La palabra libro proviene de liber, que es la membrana vegetal que separa la corteza de la madera de un árbol. Tiene que ver con “crecer” o “crecimiento”. Es el mismo origen de la palabra libertad. Ser libre es tener la capacidad de crecer. Y crecer siempre se hace desde dentro, rompiendo lo que nos constriñe o encierra, como lo es la corteza del árbol. Se entenderá por qué he asociado en el título de esta entrada esas dos ideas aparentemente tan dispares: Libro y Janucá.

El libro es libertad y crecimiento, como lo es el sentido de esta fiesta, que celebra el renacer de la luz, la victoria sobre la oscuridad y sobre la dominación que sometía al pueblo de Israel y le impedía ser libre. Israel es, además, el Pueblo del Libro. No sólo en el sentido religioso, sino en otro mucho más esencial: Israel existe y ha existido, ante todo y sobre todo, por su apego al libro, por su amor a la letra escrita, por su pasión por la lectura y la interpretación de lo escrito.

El término escritura proviene de kryptós, lo encriptado, lo que está oculto y debe descifrarse. Leer es elígere, elegir, tener capacidad de elegir entre distintos significados o interpretaciones. El lector es un elector.
El libro pasó, al extenderse la imprenta, de ser declamado y recitado en voz alta, a ser leído en voz baja y en silencio, a ser medido y meditado en un ejercicio de concentración que obliga a la introspección. Ése es hoy el lugar natural del libro. Por eso sigue siendo tan necesario y si llegara un día en que desapareciera, algo fundamental desaparecería de nuestras vidas: la capacidad de reflexión, de introversión. El desarrollo de la conciencia (cuyo mayor logro es la conciencia de sí) es hoy inseparable del libro y la lectura. (El Quijote es, ante todo, un libro que toma conciencia de sí mismo y trata de comprenderse para comprender así el mundo).

El libro digital no produce los mismos efectos: no logra esa concentración e introspección por la volatilidad física de la letra, puramente visual, no impresa, como lo es la letra del libro. Las zonas cerebrales que se activan no son las mismas. El libro implica a todo el cerebro y a todo el cuerpo (a los sentidos de la vista, del oído y del tacto, no sólo de la vista). Ni nuestro cerebro, ni nuestra conciencia, ni nuestra capacidad reflexiva y crítica se desarrollan por igual en un caso que en otro.

Así que sí, elogio del libro, elogio de la luz, de la libertad y el crecimiento de la conciencia, de la victoria sobre la dominación y la oscuridad, de la lucha contra la ignorancia y el oscurantismo. El día, para los judíos, empieza al oscurecer: es precisamente en ese momento, cuando se va la luz, cuando más necesitamos retirarnos, recogernos, encender las luminarias de una januquilla para poder leer, para ir creciendo desde dentro y en silencio.

¡FELIZ NAVIDAD, JANUCÁ SAMEAJ!

P.D. Regálate estos días un libro. Hazlo, sin embargo, con criterio, aprendiendo a elegir, como lector libre, no inducido por las modas o la propaganda. Te aconsejo uno: Memorias de un judío sefardí. Aunque figure como su autor, no te engañes, yo no soy más que su padrastro; el verdadero autor siempre es el lector, el que se deja iluminar por sus páginas (sus hojas, manifestación de su crecimiento); por la luz que le hace crecer y ser libre. Y precisamente ahora, cuando todo parece más oscuro, es cuando más lo necesitamos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

REVISAR A DARWIN

En una entrada anterior (MITOS CIENTÍFICOS: DARWIN, 16 de Septiembre 2011) ya manifesté mis dudas sobre los supuestos básicos de la teoría evolucionista de Darwin. Me pareció muy sospechosa esa idea de la “supervivencia del más fuerte” que fundamentó, entre otras derivas ideológicas y políticas, el colonialismo y el racismo europeo de finales del XIX. Tampoco he entendido nunca muy bien eso de las “mutaciones aleatorias” que, por obra del azar, dan lugar a las nuevas especies. No hace falta ser creacionista para poner en duda la teoría evolutiva darwiniana, convertida hasta ayer mismo en dogma científico. En cuanto una teoría se transforma en ideología y dogma, malo, algo me pone en alerta.

Acaba de morir Lynn Margulis que, con argumentos científicos difícilmente rebatibles, ha dado fundamento a mis sospechas. Su teoría de la simbiogénesis desmantela los supuestos darwinianos. En el origen mismo de la vida encuentra Margulis, no la lucha por la supervivencia como competición y selección del más fuerte, sino cooperación, simbiosis, integración molecular, química y biológica. La labor de las primeras bacterias, fundamento de la vida que hoy conocemos, no deja lugar a dudas sobre este modo de proceder, tal alejado de las premisas darwinianas. La vida, por otra parte, no sólo se adapta al medio, sino que lo modifica y crea las condiciones de la supervivencia.

Al defender a Margulis frente Darwin no quisiera caer en lo que critico: el culto a las teorías científicas que, casi automáticamente, en cuanto se divulgan, se transforman en ideología, o sea, en creencias ciegamente aceptadas. Yo veo una relación clara entre el darwinismo y el triunfo de las ideas burguesas que han fundamentado el capitalismo actual, basado en el supuesto radicalmente falso de que siempre acaban triunfando los más fuertes e inteligentes. Por el contrario, hay otro principio sin el que sería imposible la supervivencia de la especie humana: La cooperación, el altruismo, la empatía, la unión. Evolutivamente esto es un hecho. Sólo la unión física, biológica y emotiva entre dos seres hace posible la transmisión de la vida humana, por ejemplo.

Hoy, en plena crisis inducida por los dueños y manipuladores del dinero, es muy conveniente recordar todo esto. No estamos ante el “sálvese quien pueda”, ante la supervivencia del más fuerte, sino ante el reto de la cooperación, la simbiosis, la integración, la unión y el descubrimiento de las ventajas enormes que supone la “simbiogénesis” frente al azar de las mutaciones sociales y la imposición del más fuerte. Más aún: yo creo que los poderosos son los primeros en darse cuenta de las desventajas de la competencia y la lucha por la supervivencia individual, o sea, el “todos contra todos”. Saben muy bien crear estructuras “simbióticas” cuando les conviene. ¿Qué otra cosa es, si no, la globalización del poder y los mercados? Lo que pasa es que la utilizan para excluir a la mayoría. Se trata de una especie de “simbiogénesis selectiva” que tiene al mantenimiento de la “especie privilegiada” frente a las posibles “mutaciones genéticas” azarosas.