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miércoles, 30 de diciembre de 2015

LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS NO ESTÁN PARA HACER CARIDAD, SINO JUSTICIA

(Foto: A. Trancón)
El Ayuntamiento de Madrid, dirigido por la coalición de Podemos, ha organizado una fiesta de caridad para los sin techo, al viejo estilo de las cenas de Navidad en que los ricos ponían a un pobre en su mesa. Que nueva izquierda se parezca tanto a la vieja carcundia es algo que me resulta increíble. Publiqué este artículo en la Nueva Crónica de León.

“Ayer me colé y en tu fiesta mi planté”, bajo la cúpula acristalada del antiguo edificio de Correos de Cibeles, ahora Casadetodasytodos, magnífico palacio construido por el mismo arquitecto que levantó el Instituto Padre Isla de León bárbaramente derribado en los 60 por la ignorancia cazurra, la misma que quiso destruir el edificio civil más antiguo de León, la casona de Villapérez, que salvé de las zarpas del leonesista Morano cuando ya había hecho volar su artesonado. Digo que me pasé la noche zampando con los sin techo y cantando “Esta noche es Nochemena y mañana Dios dirá”, que alguien hizo circular y fue el trending topic de la velada.

Nos reunimos para el gran convite 220 desarrapados de los 1905 que estamos censados en Madrid. Fallaron 30 de los apuntados en la tablet del padre Ángel, que lo es, porque les dijeron que no habría alcohol, que sólo se bebería Champín, que es como se llama el champán sin. El menú consistió en sopa de marisco, langostinos, cordero, dorada al horno, flan con nata y mucho turrón blando. Como se podía repetir, todos pedimos un táper para guardar las sobras en el carrito; pura gula, que no necesidad. 

Se habló de todo alrededor de las mesas primorosamente engalanadas. Que si Carmena ha declarado poseer un patrimonio de 2,5 millones de euros y a pesar de ello su marido se ha declarado insolvente y le debe a sus exempleados más de 500.000 euros… Que si la alcaldesa le compró un trozo de casa a Cristina Almeida y le pagó 120.000 euros a tocateja… Que si canceló un crédito de 500.000 euros al BBVA un día antes de ser proclamada candidata podemista.

Se habló también del programa de reformas estructurales del servicio de limpieza del Ayuntamiento: que los niños aprendan a recoger colillas y se diviertan con el juego; que los universitarios ayuden a los barrenderos para saber lo que es bueno; que las madres hagan la limpieza del colegio de sus hijos, porque no hay nada como el amor de una madre para estos menesteres… Por todo ello fue la alcaldesa vitoreada, fotografiada, aplaudida… “Nunca, nunca he visto una cosa semejante en ninguna ciudad. Lo que ha pasado aquí hoy es algo maravilloso”, proclamó María José Martínez, limpiadora de 72 años, que lucía un vestido azul celeste y un collar de perlas. “El Papa Francisco lo hizo el año pasado en Roma y yo quería hacerlo aquí, en Madrid. Y ahora estoy flotando. Se ha cumplido mi sueño. Echa un vistazo”, comentaba exultante el padre Ángel.

Quedéme solo a eso de las dos de la mañana frente al reloj de la Puerta del Sol. Por un momento creí que había regresado al siglo de Galdós. Que la revolución morada confunda la caridad con la justicia, que organice una cena navideña tan ostentosa como humillante, uniendo la más rancia beatería con el oportunismo, es algo que no parece indignar a los algunos indignados… ¡A mí sí!


sábado, 5 de diciembre de 2015

CATALUÑA: UN NTERPRETACIÓN PSICOANALÍTICA

(Fotos. Ángela Galisteo)

Hace unas semanas publiqué aquí un artículo titulado “Esto va a acabar mal (y cuanto antes, mejor)”. Describiendo la situación de Cataluña eché mano de una vulgar metáfora: “La miseria moral, intelectual y política acumulada rebosa por las alcantarillas y ya no hay suficientes desagües ni contenedores para evacuarla. El hedor se ha hecho insoportable”, escribí. Para mi sorpresa, tres días después encontré estos titulares en la prensa: “Algo huele a podrido en Barcelona” (El País), “El olor misterioso persiste en Barcelona” (La Vanguardia), “Barcelona, bajo una ola de mal olor” (ABC), “El día de la peste” (El Periódico). La metáfora se había hecho realidad, nube tóxica, pestilencia ambiental.
Descubro con asombro mis dotes de profeta, pero no he sido el único en ver en ese inexplicable hedor barcelonés una descripción de la situación política que paraliza a Cataluña. El País habló de “putrefacción avanzada” en un editorial que tituló “Descomposición”.  Francesc Valls escribió un artículo en el mismo medio: “Algo huele mal, muy mal”. Estas extrañas coincidencias me han hecho recordar la interpretación que de la “cultura catalana” hacía un excelente escritor y agudo psicoanalista, el argentino Germán García.
Conocí a Germán García en 1978, en Barcelona. Acababa de llegar de Buenos Aires para unirse al proyecto de la Escuela Freudiana de Barcelona que había creado su amigo Oscar Masotta, quien moriría un año después. Al poco tiempo de estar en Barcelona, con gran intuición, elaboró una interpretación psicoanalítica para explicar el “hecho diferencial” catalán.
Sostenía Germán que “lo catalán” tenía mucho que ver con “la pulsión anal”. Recordemos que Freud habló de la fase anal, anterior a la fálica, en que el niño ha de controlar sus esfínteres para alcanzar su madurez libidinal y psicológica. El excremento adquiere en esta fase un valor simbólico relacionado con la retención/expulsión. Cierta “fijación” en este estadio puede explicar algunas conductas como la obsesión por la acumulación de riqueza y dinero (la “pasta”) o la tacañería, tópicamente atribuidas a los catalanes.  
A Germán García le sorprendió enseguida el parecido de las torres de la Sagrada Familia con una montaña excrementicia, lo que no le impedía admirar su grandiosidad y belleza. Todavía no conocía el caganer, esa figura belenística que tanto choca a quienes no somos catalanes, o el navideño caga tió.  Otra prueba, la más decisiva para Germán, de la original relación entre cultura catalana y analidad, era la forma como el idioma catalán había evolucionado, “eliminando” (o reteniendo para sí) vocales o consonantes en la última sílaba de la palabra (mort/castellà/futur…), lo que le otorgaba al catalán esa particular fonética implosivo/explosiva. No conocía tampoco Germán la tendencia al chiste escatológico y otras manifestaciones festivas catalanas relacionadas con los petardos, el humo fétido, el peculiar sonido de la música de la sardana, el gusto escatológica de Dalí, los cuadros de Tàpies o Miró, por no hablar de la butifarra o la barretina (de origen frigio, al parecer, pero que cambia el cono fálico por la “masa” flácida que se desparrama por la cabeza).
Pero no han sido extranjeros, sino los propios catalanes los primeros en hablar de la relación de su cultura con lo excremental. Recordemos a Albert Boadella, por poner un primer ejemplo, quien celebró con sarcasmo una Diada enseñándonos el culo por un agujero que hizo en una estelada. O a Serafí Pitarra (Frederic Soler), uno de los padres del teatro catalán, quien usó lo escatológico como un elemento “artístico” esencial. El año pasado el TNC recuperó su memoria con un espectáculo dirigido por Jordi Oriol y Josep Pedrals, que comentaron: A los catalanes el pedo, el pipí y la caca nos hacen gracia. Somos escatológicos por naturaleza". Más directo, el actor Josep Julien dijo: No sé por qué nos gusta tanto la mierda a los catalanes.
En ningún otro lugar del mundo hay una empresa (Caganer.com) dedicada exclusivamente a fabricar caganers de todas las clases y colores (De Pujol y Artyr Mas al papa Francisco o la Virgen de Montserrat, a todos "los pasan por la piedra"). Albert Pla acaba de publicar un libro titulado Espanya de merda en cuya portada aparecen escritas las letras con heces humanas. Dalí repetía el refrán qui mengi molt i cagui fort no ha de témer la mort. En su Diario de un genio nos cuenta cómo llamaba la atención de su familia reteniendo la defecación durante días. Escribió un apéndice a su Diario titulado El arte de tirarse pedos o Manual del artillero socarrón. El propio Breton creyó que practicaba la coprofagia. Podríamos seguir con otros muchos ejemplos.


Entiendo por cultura, no una esencia física, metafísica, étnica o biológica, sino “unos modelos de conducta” (modelos de sentimiento, de pensamiento, de relación), que se aprenden con el lenguaje y la primera socialización, y que “determinan” los modos de comportamiento, los valores sociales y la creatividad.
Pero cuando hablamos de rasgos diferenciales culturales no hemos de entenderlos nunca como exclusivos o únicos. Casi nada es absolutamente original o exclusivo de una cultura. Tampoco hemos de entender la cultura como un todo uniforme y menos el presuponer que podamos atribuir los rasgos generales a los individuos concretos. Teniendo en cuenta estas limitaciones, el interés de esta interpretación psicoanalítica freudiana radica para mí en su capacidad para analizar y comprender mejor la actual situación de la política catalana.
El “proceso” puede explicarse como una reacción egoísta (retener todo para mí) propia de la fase anal, caracterizada por la obstinación y la prepotencia. El victimismo como medio de chantaje y amenaza (que ha vuelto a escena) tiene también que ver con el sado-masoquismo que Freud relacionó con este estadio. Ahora estamos viviendo un momento de “contención”, de retención forzada y forzosa de los impulsos, que retrasa la “liberación” independentista. Ante el conflicto con la Ley (del padre), Mas-Collet ha dicho: “Si tenemos que arrodillarnos, lo haremos, pero que paguen”, algo inimaginable en boca de un español “fálico”. Poner la pasta por delante de la dignidad, eso nunca.
Para completar esta interpretación debemos introducir el elemento clave del conflicto, el choque con la pulsión fálica, más propia de la cultura española. No estoy estableciendo ninguna comparación de superioridad. La fase fálica no conduce necesariamente a la madurez ni el equilibrio emocional. Lo que señalo es que la superación del estadio anal supone entrar en conflicto con el padre y dominar el miedo a la castración, propio de la fase fálica.
Que el independentismo vive enredado en este conflicto lo pone hoy de manifiesto su incapacidad para “matar al padre”. La CUP, dominada mayoritariamente por charnegos (o sea, por individuos más influidos por la cultura “fálica” española), está decidida a acabar con Mas (convertido simbólicamente en el padre del independentismo actual), a lo que se resisten los “más catalanes”.  No es nuevo el conflicto. Habría que recordar al anarquismo catalán de los años 30, dominado por mis paisanos leoneses Pestaña, Diego Abad de Santillán y Durruti, enfrentados al catalanismo independentista. Ante las dudas, la reserva y la cobardía del catalanismo, el independentismo charnego, movido por un impulso fálico más que anal, se toma el “proceso” en serio y quiere, aunque sea suicida, llegar hasta el final. Nada más “español”. Si vencen los otros, los “escatológicos”, quién sabe lo que sucederá; a lo mejor acaba todo en una gran “pastanaga” navideña que nos atufe a todos. El belén ya está montado.

  

martes, 1 de diciembre de 2015

POESÍA YIHADISTA

(Foto: Ángela Galisteo)

Solemos creer que la poesía está siempre del lado del bien, la belleza, la justicia y la libertad. Nos viene enseguida a la mente el ejemplo de muchos poetas que cantan, exaltan y defienden la verdad, la vida, los valores humanos frente a la tiranía y la injusticia. Pero existe también otra poesía, la poesía del mal, la que difunde y promueve el odio, la venganza y la muerte. Aunque nos sorprenda, es también poesía.

Baudelaire descubrió el lado oscuro de nuestros sueños, fantasías y deseos, donde crecen “las flores del mal”. Se adentró en el mundo oculto de la perversión y los impulsos reprimidos, puso palabras a nuestros tormentos interiores. Pero no hablo de esta poesía “maldita”, sino de otra muy distinta, la poesía del odio.

“Abrazados a la muerte los caballeros de la gloria encontraron descanso./ Sujetaron las torres con sus manos llenas de rabia y las demolieron rápidamente como una catarata”. Son versos de Bin Laden quien, a pesar de ser el cerebro del terrorismo islamista global, era poeta. Dedicó estos versos a los terroristas que destruyeron las torres gemelas. Hay que destacar la fuerza poética y expresiva de las imágenes: como gigantes, los caballeros demuelen las torres con sus manos, que se desmoronan como una catarata; sus manos son poderosas porque están llenas de rabia; los héroes alcanzan el descanso después de abrazarse a la muerte. Como poesía, no hay duda de que tiene una gran fuerza épica y emotiva.  

Otro poeta yihadista, Isa Sa’d Al ‘Awshan, ha escrito:  “Anuncié que no habría más descanso/ hasta que nuestras flechas aniquilen al enemigo./ Me amarré a mi ametralladora con la determinación de un muyahid/ y perseguí mi meta con un corazón apasionado./ Quiero una de las dos cosas buenas:/ el martirio o la liberación del poder despótico”. No es mala poesía.

Cuando nos preguntamos por el origen del terrorismo islamista no debemos despreciar el poder de la poesía para arrastrar a la acción, para mover la voluntad a través de los sentimientos, las imágenes y la fuerza de la palabra. La Biblia y el Corán han basado gran parte de influencia en la poesía que encierran. El Corán, especialmente, contiene una eficaz poesía bélica que mueve al odio, la venganza, la exaltación de la sangre y la muerte.


El yihadismo es un movimiento ideológico y político poderoso que se asienta sobre muchos elementos y utiliza una gran variedad de armas. También la poesía. No es algo nuevo. Podemos recorrer la historia y descubrir cómo la palabra poética ha servido también a los tiranos, poderosos y asesinos. Los malos no son necesariamente estúpidos ni insensibles a la belleza. La inteligencia, el arte y la palabra también pueden ponerse al servicio de la barbarie.

viernes, 13 de noviembre de 2015

EN EL MUNDO DE LOS GATOS

(Foto: Ángela Trancón)

Mi amigo Evelio tiene alrededor de su casa un jardín y un pequeño huerto con árboles. Lo cuida y cultiva sin usar ningún tipo de insecticida o pesticida. La naturaleza crece allí libre y espontánea, lo que explica, me dice mi amigo, que acudan a sus árboles y yerbas pájaros, reptiles e insectos de todo tipo. Tiene un gato que se ha convertido en un depredador muy valioso. Caza saltamontes, avispas y ratoncillos con una agilidad y eficacia asombrosas.
Un día mi amigo descubrió que su gato había recibido un disparo que le dejó un balín incrustado bajo la piel. Esa misma noche soñó que su gato estaba a punto de morirse. Le habían colocado una especie de bozal que lo estaba ahogando. En medio de la angustia de ese sueño sintió que algo le rozaba la planta del pie. Se despertó y vio, todavía sumergido en la viveza del sueño, cómo su gato ronroneaba y le mordisqueaba los dedos. Jamás su gato había entrado en su dormitorio y menos para subirse encima de su cama y rasguñarle los pies. Que lo hiciera a media noche, y justo cuando intentaba salvarle en sueños, fue algo que le dejó tan sorprendido como si hubiera entrado de repente en otro mundo.
En realidad sí que había entrado en otro mundo: el mundo de los gatos. La puerta por la que penetró fue el sueño. Un sueño vívido y muy realista, tanto que pasó, sin solución de continuidad, del sueño a la realidad. Cogió al felino y lo llevó a la cocina donde tenía su cuenco lleno de comida y agua. Pensó que tendría hambre o sed. El gato lo miró, dio un salto y se coló por la ventana hacia el jardín. No, no tenía ni hambre ni sed, no era esa la explicación de su insólita conducta.
Los perros nos protegen de ataques y agresiones físicas, guardan nuestro territorio. Perciben nuestras emociones y sentimientos, especialmente la alegría y el miedo. Los gatos, en cambio, nos protegen sobre todo de ataques y agresiones psíquicas o energéticas. Los gatos están en este mundo y en el otro a la vez, tienen conexión con una realidad paralela e invisible en la que se adentran a través de sus propios sueños. Por eso se pasan tantas horas dormitando, soñando semidespiertos.
El hombre ha necesitado, para sobrevivir, no sólo de los perros, sino de los gatos. Necesitamos proteger nuestro cuerpo, pero también nuestra mente. Necesitamos la salud y el bienestar corporal, pero también la energía mental y la conciencia. Mi amigo y su gato conectaron su mente y su conciencia. El gato le despertó para tranquilizarle, para sacarle de una pesadilla. Podemos llegar a morir a causa de una pesadilla. La realidad tiene muchas veces el poder maléfico de una pesadilla.
Los egipcios descubrieron hace casi 10.000 años que los gatos eran su protectores. Por eso adoraban a una diosa gata: Bastet. Enterraban a sus gatos como a seres sagrados. En Bubastis, ciudad de la diosa, había un gran cementerio de gatos momificados. Los gatos eran mensajeros del más allá: veían lo del otro lado; quizás por eso nos ayudan a salir de la zona oscura de los sueños.

Ante tanta confusión política y social, ante tantas amenazas, necesitemos hoy más que nunca del poder protector de los gatos, que nos despierten y saquen de las más inquietantes pesadillas. ¿Quizás por eso el número de gatos en nuestro planeta es tres veces mayor que el número de perros? Nuestra mente es más frágil que nuestro cuerpo.

sábado, 7 de noviembre de 2015

RELIQUIAS Y RELICARIOS

(Foto: A. Trancón)
Estuve el pasado 29 de octubre presentando en la Casa de León en Madrid el libro de Carlos J. Taranilla, “Breve historia de las reliquias leonesas y sus relicarios”. Conocí a Carlos en la Feria del Libro de León, firmándole mi libro “Huellas judías y leonesas en el Quijote”. Me dijo que era profesor y escritor. Me sorprendió el gesto ya que, entre profesores y escritores, es infrecuente el acercamiento y el reconocimiento mutuo. Lo que predomina es el desdén y los recelos, cuando no el cinismo y la adulación para ser admitido en las capillas que controlan el mundillo académico y literario.

Hace unos días Javier Marías, en un articulo titulado “No me atrevo”, confesó que la presión del medio académico y literario era tal que ya nadie (tampoco él) se atrevía a “opinar sincera y críticamente sobre sus iguales”. Hacerlo es “ser tachado en seguida de envidioso, o inelegante, o de resentido, o cuando menos de competitivo”. Todo se toma como un agravio y un ataque personal. No es de extrañar que la literatura y el arte vivan en sus peores momentos, languideciendo y amustiándose, sostenidas sólo por su antiguo prestigio, pero carentes del vigor que proporciona la crítica y la autocrítica.

El libro de Carlos Taranilla habla de reliquias y relicarios leoneses, y lo hace con rigor informativo, satisfaciendo nuestra curiosidad, pero sin confundir historia con leyenda. Su estudio sobre el Santo Grial leonés es el ejemplo más claro de que no conviene sustituir la investigación histórica por la fantasía. El Santo Grial es una leyenda de origen medieval, y tratar de darle una validez histórica, materializándola en un objeto, es un propósito científicamente descabellado. La leyenda es una invención literaria atractiva, y recrearla a través del cáliz de Doña Urraca es tan legítimo como hacerlo con el cáliz de Valencia o la cueva de Montserrat. Atraer a turistas que crean en esa leyenda y de paso conozcan las maravillas de León, pues estupendo. Pero no hay que borrar la línea que separa la literatura y la ficción, de la verdad. El compromiso con la verdad nos obliga a no amalgamar fe y razón, literatura e historia.


El culto a las reliquias nace de la fe y la superstición, pero no conviene simplificar el fenómeno y pensar que hoy estamos muy alejados de la conducta de nuestros antepasados. Hoy vivimos inmersos en infinidad de creencias y supersticiones que se disfrazan de arte, ciencia y tecnología, pero que exigen de nosotros la misma credulidad. Como ocurrió en el sigo XVI y XVII (su época dorada), las reliquias se nos muestran en artísticos relicarios que son tan importantes como su contenido. Libros que no contienen más que polvo y huesos, se nos presentan envueltos en el prestigio artificialmente creado de sus autores, a los que se venera en ceremonias de reconocimiento. Al final, lo que más interesa es el comercio que se crea a su alrededor, como ocurrió con las reliquias en las iglesias, monasterios y catedrales. Tan alejados están estos productos del arte y la literatura, tan absurdo es tomárselos en serio, como lo fueron el Santo Prepucio, la leche de la Virgen o el huevo de la paloma del Espíritu Santo que se veneraba en la catedral de Colonia.